El Eterno Niño Lunes, Ene 25 2010 

Beso los pies de mi primera cama,

donde Angelita me dio a beber de sus pechos anoche,

cuando tenía solo veinte años.

-

Anoche Angelita tenía veinte,

veinte que me regaló.

Ahora yo tengo veinte y angelita no ha nacido.

-

Cuando Angelita nazca la voy a llamar maría.

Cuando angelita nazca

le pediré que no vuelva a darme a luz.

-

Le diré a Angelita

que sume sus veinte con mis veinte

y me permita hecharme atrás en sus entrañas.

-

Angelita, ruiseñor de la Loma,

no vuelvas a parirme, no, no.

mira que el tiempo es corto

y no quiero seguir naciendo.

-

Veo a Angelita entrada en sus cuarenta

con mis padres en la mano.

-

Toma uno,

le

atravieza el pecho

con

una aguja enredada

en

hilo rojo.

-

Se lo cuelga a la altura de pecho,

y pide que entren los mariachis

y que le canten el corrido del nieto no nacido.

-

“No lo tenemos señora… pero tenemos viruela”

-

Angelita va a visitarme al hospital.

- casi te come la cara, la condenada viruela-

me dice.

- No es viruela, Angelita… es solo que me estoy muriendo.

Angelita se ríe.

-

Cuando volví a casa tenía sus pulmones

en el balde de la ropa sucia.

-

-¿Que hacen ahí tus pulmones?

- esperan-

-¿Qué esperan?

-que los ovarios salgan de la lavadora.

-

Beso la cama de mis primeros pies.

Angelita, se saca los pulmones,

se saca los ovarios,

se arregla el pelo y se convierte en caracol.

-

Me la pongo al oído pero no puedo oír el mar

por que ella no lo conoce.

Oigo los mariachis,

las maldiciones de algún mi padre,

y los latidos de su corazón de madre.

-

He vuelto al vientre,

desierto seco.

El líquido se ha ido por el cifón,

nueve meses y trece días.

-

Trece días de retrazo,

no más pitocin,

no mas… no más angelita,

no quiero volver a nacer.

Tras la Dimas roja, bajo el puente de la calle 30 Lunes, Ene 18 2010 



Luces frenéticas de automóviles que pasan. Voces. Perdido en el mar. Me estoy muriendo. ¡angelitos al cielo! ¡angelitos de cuquitos blancos!

Un angelito me pica el ojo. Sonríe. ¿será que pronto me convertiré en un angelito?… y si a mi me gusta andar desnudo… ¿igual tendré que andar de cuquitos blancos?

Mi mamá andaba desnuda por la toda la casa. Ángela… mamá Ángela… ella era un ángel desnudo. Y yo quiero serlo igual que ella y volar, volar veloz, para que el viento me acaricie el sexo.

Hace mucho que nadie me acaricia ahí. Mi sexo es ahora un lugar inhóspito tapizado de bromeloas como el arbol de lima en la casa de la abuela. Ese al que Ángela, mi mamá, se subía desnuda cuando era niña, huyendo de mamá ofelia, que la esperaba abajo con verbenas mojadas.

Pobre angelito desnudo. Se quedaba horas y horas sobre el viejo arbol de limas, y yo me quedaba con ella, porque de una u otra forma, aún antes de conocernos o imaginarnos siquiera, yo siempre estuve en ella.

Mi sexo se ha ido muriendo a pedacitos. Mi uretra cansada y tartamuda se ha vuelto incapáz de articular palabra. Yo recuerdo un orgasmo.

Había una vez un orgasmo que vestía zapatillas caras. Cierta tarde salió a buscar trabajo y se volvio barrendero.

¡Señor barrendero! ¿Podría usted barrerme el pubis? Es que me estoy muriendo y quiero tener el pubis limpio para vestir mis cuquitos blancos.

ENVIDIA Jueves, Ene 7 2010 

(el poema solo, en medio del escenario)

por algún lugar lejano entre tus venas,

corre sangre de mi misma sangre.

Pero yo me he perdido en la cadena evolutiva

que llega hasta tí.

¡Primera entrada!

Estoy esparcido

entre las esperanzas de una no-abuela.

Te miro y me miro

y me pregunto,

¿por qué somos tan distantes?

Estoy perdido entre la ausencia

de mi imagen proyectada.

No me resigno.

¡Fanfarria!

Quiero encontrarme entre tus venas,

ver en dónde perdí el rumbo.

Me miras, y no te importo.

¿Por qué habría de importarte?

Soy solo un pariente lejano.

(Se escuchan risas de grandes y chicos)

No me resigno.

¿Quién administra los dones

que les son dados a los seres humanos

para arañar el mundo?

Con gusto cambiaría cualquiera que tuviera

- En caso de tener alguno-

por un poco más de tu

sangre entre mis venas.

Por un poco de tu respeto y de tu admiración.

¿Qué sientes al verte al espejo?

¿Desde donde ves el mundo?

Yo con mis quince pisos

no alcanzo ni a verte los pies.

Operación fallida.

Causa perdida.

¡Y ahora quieren que te haga reír!

Adelante, prepárate para reírte,

alista tu mejor sonrisa

y pon atención que voy a llorar.

(El poema recoje sus cosas, y se marcha)

GAUTAMA, YO Y UN GUSANO. Jueves, Dic 31 2009 

- ¡Corre, corre Gautama que nos cojen,
Pero no sueltes las naranjas!

Te dije que mejor robáramos manzanas,
las manzanas no tienen dolientes.

- a mi me gustan las guayabas.

- Corre Gautama, corre.
¡No te sientes Gautama!
Párate de esa higuera.

- Un hombre no es más que un hombre,
porque hombre ha nacido.
Un hombre que salta de un edificio,
es un pájaro por algunos instantes.
Un ave sobre una estatua,
es un prócer sin alas.


- Levántate, hombre.
¿No ves que desde el océano
viene el viejo por sus naranjas?

- A mí me gustan las guayabas.

- ahí viene el viejo,
con un pie en el tigris y el otro en el éufrates.
Por favor, Vámonos, Gautama.

- No desesperes.
Lo peor que nos puede pasar
es que nos deje el autobús;
si algo tomamos un taxi.
En una hora estaremos tomando Cocacola
sobre la cima de Aconcagua.

-Ay Gautama, ay Gautama.
El viejo me ha hechado mano.

- ¡mira, una guayaba ha caído del cielo!

¡Auxilio Gautama, el viejo me ahorca!

- un gusanito blanco en mi guayaba.
Gusanito blanco, gusanito puro.
Un día serás primer ministro,
mi gusanito iluminado.

- Ay Gautama; siento que muero.

- No reencarnes en una paloma
de escultura.
Reencarna en un gusanito de guayaba.



Él: Yo-Prometeo Lunes, Dic 21 2009 

Ay de mi que no puedo escribirle a la alegría.

Que la desesperanza se ha vuelto el lenguaje de mis letras.

Titán caído.

Ay de mí, desencantado,

que no puedo escribir más que lamentos,

añoranzas de Kadmir,

y suspiros de mamá ofelia.

Cuando quise escribirle al sol,

estalló como super nova.

Ay de mí que no puedo escribirle a la vida,

sin recordar a la muerte como destino

inminente.

Ay de mí que no me resigno ante la muerte.

Ay de mí que no gozo de la vida

pero aborrezco a la muerte y sus servidores.

Cobarde, abandonado, lleno de no-Kadmir,

sueño aún con una islita de leprosos

donde reposar mis días arrancándome las costras.

Una islita media entre la vida y la muerte.

Morir es bueno en esa islita,

y vivir también.

Ay de mí que no logro

hablar con alegría de mi islita de leprosos,

por que no está cerca.

No puedo pensar alegremente en las aguas sangrosas

de sus mares.

Ay de mí que no puedo guardar silencio.

Yo-Prometeo grita

Yo-prometeo se queja

Yo-prometeo golpea la pared con el puño

hasta que mis-sus nudillos sangren.

Ay de Yo-prometeo

que vive solo en las alturas.

Yo-prometeo se pasa la tarde en el balcón,

soñando que su hígado se pudra,

e indigeste a Kadmir-Ethon.

Yo-prometeo mira por la ventanita

de su cuarto,

y mira las fotografías de la humanidad

extendidas a lo largo del desierto.

Yo-prometeo suspira, en medio del hedor

a porquería de gato; y sueña.

Sueña con su islita de leprosos.

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