ABDICACION

¿Por qué dejaste el pan sin tocar sobre la mesa

Abandonado como un óvulo infecundo?

Dejaste el pan , ahora duro, cubrirse de una corteza gris,

Dura y amarga.

Por qué dejaste el pan sin tocar sobre la mesa.

Por qué

La mesa

El pan

Sobre…

-En arabia los niños corren descalzos como corderillos,

Y escriben en sus cuadernos de derecha a izquierda,

No son como la gente normal.

¿Por qué dejaste el pan sobre la mesa,

Para que fuera presa de hormigas hambrientas?

La mesa…

De madera…

El pan…

Duro como piedra.

-Galileo descubrió que a la hora de caer

Desde la torre inclinada, da lo mismo un pan duro

Que un plomo de cincuenta kilogramos.

¿Oliste el pan?

Estaba tibio entonces,

Y palpitaba de lo fresco.

Los hombres trabajan duro para lograr el trigo,

Y tu dejas el pan.

-Tomad y comed todos de él, por que éste es mi cuerpo-

Pan sin levadura.

Dejaste el pan sobre la mesa como a un perro muerto.

-Haced esto en conmemoración mía-

Para que lo rodearan las moscas,

E hicieran suyo el festín que te pertenecía.

Ahí sigue el pan sobre la mesa,

Duro y frío,

Junto a una copa vacía,

Esperando ser vendido por treinta denarios.

Comentarios (5) »

EL TROVADOR Y LA LIRA

A los pies fríos del alba,

canta un hombre con su Lira,

y la noche escucha sus notas heladas

de agua cristalina.

¡Pobre trovador! ¡Pobre payaso!

Que dejas de ser un hombre

para evaporarte en canto.

¡Ay del cantor; del pobre Bardo!

Pobre Pierrot desquebrajado,

que con tu lira recoges

a cada nota, los fragmentos de tu alma

que se te han caído con el paso de los años.

Con sus dedos transparentes

acaricia cada cuerda.

Y el cielo llora,

y el cielo llora al escuchar su canción.

Y el cielo se rasca los ojos,

y se le caen algunas estrellas.

¡Pobre trovador!

Al terminar la última estrofa,

y al dejar de vibrar la última cuerda,

se deja caer al suelo empapado.

Si ya no hay canción,

el trovador ha muerto.

Y la lira lo observa y guarda silencio.

Pues es el silencio,

lo que da su belleza a la música.

Comentarios (2) »

LICÁNTROPO

No más Ortodoncia, mamá.
Estos no son los dientes torcidos de un muchacho.
¿Que no vez que son colmillos de fiera para matar?
Mírame, madre…
mírame…
¡No me mires que me da vergüenza!
Mirame sin mirarme, como lo hace papá.
No son los ojos verdes del abuelo,
los que brillan y bailan dentro de mis cuencas;
son amarillos,
como los del gato de la vecina.
No heredé esta piel velluda del tío Jacinto, mamá…
¿Que no lo vez?
¡Mírame!
Mírame sin mirarme, como cuando
yo te contaba acerca de mis pesadillas,
y tu oías sin oírme.
¿Por qué suspiras?
¿Indignación?
Que querías que te dijera…
¡Felicidades mamá; has parido un monstruo!
…El hijo que cargaste nueve meses,
que pariste con dolor,
y que amamantaste con leche sanguinolenta
de tus pezones heridos,
es una fiera salvaje…
Qué iba a decirle a mi padre…
-Guarda esa escopeta y deja de cazar,
por que yo estaré en el bosque con las fieras,
y quizá un disparo tuyo me quite la vida…
He matado, madre, y me ha gustado la carne tibia
y palpitante de los gorriones.
He sacado pajarillos indefensos de sus jaulas,
y les he arrancado la cabeza de un mordisco.
He bebido sangre, madre… y me ha gustado.
¡No me mires, que me da vergüenza!
No digas nada.
Háblame sin hablarme,
como el día en que mordí a mi primo.
Me miraste severa y no dijiste nada.
Escóndeme madre de los cazadores…
sé mi refugio…
cántame antes de dormir, y acaríciame el lomo.
¡No busques más al perro, madre!
Los pajarillos tienen un sabor extraño;
simplón en la boca,
dulce al tragarlo.
Dile a la familia que he muerto,
que he caído desde el piso quince de un edificio cualquiera,
y que mi cadáver fué devorado por los transeúntes.
Los perros tienen un sabor amargo…
los seres humanos…
¡No me mires!
Mírame sin mirarme!
¡No me mires que me da vergüenza!
Cántame para que me calme…
cántame madre.

Comentarios (5) »

VIENTO

Sacudida por el viento

viene tu imagen sonriente,

toda dientes,

un cuerpo hecho de dientes blancos que sonríen.

Y en cada diente tienes una boca,

y en cada boca más dientes.

Busco tus ojos negros entre la blancura,

y cuando los encuentro

ya no veo más que ojos.

Ojos chinos.

Ojos para caer por ellos,

ojos en los que cabe el mundo,

si existe un abismo primordial

del que salieron todas las cosas,

ese abismo es el negro de tus ojos;

una ventanita circular

de la habitación de Dios.

Me atemorizan tus ojos negros y cansados.

Entonces busco tu corazón,

pero no lo encuentro.

Busco tu sexo, pero me averguezo y desisto.

Entonces recuerdo que eres una imagen y que estas tan lejos…

Entonces sonrío -pero no soy todo dientes-

lloro -sin volverme todo ojos-

soy más bien todo yo,

o más bien, soy lo que queda de mí después de tu partida.

Un despojo, un cadaver,

las sobras que deja el tigre.

Unas cuantas costillas astilladas

y un cráneo tarjado y pesaroso.

Un muerto pero vivo.

No tuviste el lujo de matarme.

No tuviste el lujo de ahorcarme en esas noches de desenfreno,

ni de arañarme la espalda hasta arrancarme el corazón.

No pudiste devorarme con tus cincuenta mil dientes,

ni de atravesarme con el llanto de tus ojos.

Tú… solo ojos…

tu… solo dientes…

tu… entrañas frías, entrepiernas calientes…

tu….

tu imagen…

traída…

por el viento..

Comentarios (7) »

PALABRAS SOECES

Nada, luego, nada.

Nada, luego, algo.

Algo, luego, quién sabe.

Quien sabe, luego, quien sabe.

Quien sabe, luego, cosas.

Cosas, luego, cosas.

Cosas, luego, universo.

Universo, luego, mundo.

Mundo, luego, vida.

Vida, luego, yo.

Yo, antes, hombre.

Yo, por ende, cuerpo.

Cuerpo, luego, tierra.

Tierra, luego, vida.

Vida, luego, muerte.

Muerte, antes yo.

Yo, antes hombre,

hombre, cuerpo y lenguaje.

Lenguaje, luego, otros.

Otros, luego yo.

Yo, por ende:

Nada, algo, cosas, universo,

mundo, vida, hombre, cuerpo, tierra,

muerte, lenguaje, otros…

y a todas éstas…

Quién Sabe.

Comentarios (7) »