Doña luisa se sentaba en la máquina Singer todas las tardes. Cerca a ella, Sarita tejía la lana y maría, la más joven, Leía en voz alta “La maría” de Jorge isaacs. La negra máquina era de verdad un lujo, lo mismo cosía cuero que seda fina, y sus ecos llenaban la salita de estar a cada pedalazo como una locomotora; Sarita entonces, alzaba la voz para que nadie se perdiera ni un momento de las ensoñadoras palabras de Efraín evocando a su amada.
La falda larga de doña luisa cubría toda la silla y se arrastraba por el suelo.
-Muchas veces he leído esa novela- solía decir- y nunca he podido contener el llanto, cuando él visita la tumba.
La tarde volaba tejiendo carpetas para adornar las mesas, haciendo cojines, tomando tinto y suspirando amores.
Cuando eran las ocho de la noche, encendían el radio, y esperaban a que se acabaran las noticias; noticias de horribles guerras al otro lado del mundo.
-Dios bendito, nos estamos acabando. El Señor sabrá.
Luego, escuchaban románticos versos en la voz gruesa y seductora de Carlos Molina.
-Yo me lo imagino mono y zarco, como el cuadro del sagrado corazón de Jesús.- Decía sarita con la piel erizada.
-No, semejante voz debe ser de un hombre moreno, alto y corpulento. ¿Cómo se lo imagina usted, tía Luisa?
-No sean bodas, esa voz no es de un hombre. Ningún hombre puede tener esa voz. Eso es el radio, que quién sabe como hacen para que suene bonito. ¡Estas máquinas de ahora!
Después de comer, Doña Luisa tomaba el rosario entre las manos, y rezaban hasta muy tarde,
Pidiéndole a la virgen por el mundo, por Rosita, que se había descarriado; pidiendo por don Alejandro, para que volviera algún día con bien.
Luego dormían tranquilas, al día siguiente, después de arreglar la casa, les esperaba la misma rutina.
Como artista, creo que estoy obligado a escribir, y contarle a convergentes y a todos cuantos lean, sobre éste suceso.
El arte es principio de vida. El arte, aún cuando representa la muerte, lo hace desde la vida y para la vida. El arte nunca es causante de muerte. La muerte por el arte surge cuando éste se combina con una u otra enfermedad mental. Un artista, ya sea un artista plástico, un músico, un pintor, o un actor, es un ser subjetivo que mira el mundo con una sensibilidad alterada; y con esto no digo que el artista es un mamarracho que anda llorando por que sí, sino más bien, que puede percatarse de las cosas de una forma más profunda. Un artista es alguien que defiende la vida, así sea en su lado más oscuro.
Hago alusión ahora a la controversial obra de arte del costarricense Guillermo Vargas (a.k.a. Habacuc), “Un perro enfermo, callejero”Donde el arte se aleja de su objetivo principal: la vida. Y no es que el arte no pueda hacer referencia a la muerte, ya que muchas de las obras de arte más hermosas que existen, lo hacen, pero el arte no puede atentar nunca contra la vida misma. El asesinato no es arte, es crimen.
Guillermo Vargas, en su obra, ató a un perro callejero en un museo, y lo dejó sin comida ni agua durante varios días. Además pegó la frase “Eres lo que lees” en la pared, escrita con comida para perros, que el hambriento animal, nunca pudo alcanzar, pero que desesperadamente olfateó hasta su muerte.Los insensibles visitantes del museo, entraban, miraban la agonía del perro, y luego se iban. Un acto tan atroz cómo los juegos romanos en los que los emperadores ponían a dos hombres a matarse, o arrojaban a un hombre a unos hambrientos leones. La muerte, así sea la de un perro, no es un espectáculo. La muerte, como fin de la existencia, es un suceso lamentable, no algo divertido para ser visto.
Verbigracia, En el teatro, muchas veces los actores, morimos, o nos matamos en escena, y entre más dramática y real sea la muerte, mejor, pero puedo asegurarles, que el público no aplaudiría, si en efecto, los actores muriesen realmente en el escenario.
Natividad (Así se llamaba el perro), no era un artista y no fingió su muerte. Fue capturado, atado, y asesinado. Cuando los artistas van muy lejos en el riesgo de sus hazañas, normalmente se ponen en riesgo a sí mismos, o a voluntarios, pero natividad, ni siquiera sabía lo que es el arte, mucho menos decidió morir de inanición en aras de las artes visuales.
Está bien que no estamos hablando de un ser humano, pero sí de un ser vivo, tan irremplazable como cualquiera de nosotros. Quienes hemos tenido un perro alguna vez, sabemos de sobra cuanto pueden parecerse a nosotros y cuanto pueden entender, o sentir. Es estúpido que un ser que nunca entendería lo que es un museo, lo que es el arte, o lo que es la maldad humana, muera a causa de una horrible combinación de las tres.
¡Artistas, defendamos la vida, no la acabemos! ¡El arte es creación, no destrucción! Para destruir existen las guerras, las industrias, los corruptos, pero nosotros, como emisarios de la madre naturaleza, debemos estar siempre por encima de todo eso.
En el canal caracol, en la noticia sobre éste tema, mostraron a un hombre que se decía artista, quien dijo:
“En un país, en donde a diario muere gente de hambre, y donde hay más de treinta mil desplazados por la violencia, la muerte de un perro no importa”
Yo podría decirle, que en un mundo donde los niños mueren de seden Asia y áfrica, y donde la violencia cobra a diario miles de muertes, ¿Qué importa que se muera usted? ¿o su madre? ¿o sus hijos?
Entonces, como la vida de un ser, no importa en comparación con la del mudo, ¿Podríamos tranquilamente sacarle a usted los ojos y los riñones para hacer con ellos una linda obra de arte y decorar la sala de mi casa?
Obviamente la respuesta es negativa. No debemos atentar contra la vida.
Arte para crear, no para destruir. Arte para vivir o morir por él, pero nunca para matar.
Aún no estaba distante el día en que habían sido hechos de la nada. Aún sobre el fango, ya seco, quedaban impresas las huellas de los pies de dios. Todavía las cosas simples les asombraban; huían ante el trueno, oraban a los vientos, y creían en el fuego como en un espíritu sagrado.
Un día, sin más al despertarse, vieron que durante la noche, los dioses habían erigido sobre el Alto Verde, una torre imponente de elevados picos, que emanaba resplandores nunca antes vistos. La luz de la torre les envolvió a todos, e hizo que sus cuerpos también se llenaran de luz.
Subieron al Alto Verde para agradecer a los dioses el hermoso regalo. El cielo se abrió de repente y la tierra tembló bajo los pies de todos los mortales.
-¡Esta torre luminosa que se les da, será desde ahora señal del pacto; Unirá las lenguas de todo mortal en una sola lengua y una sola nación! – Exclamó Jhabúl, dios de las palabras, desde lo alto del cielo.
-¡Esta torre luminosa que se les da, será desde ahora señal del pacto; su poder y su luz cambiarán todo lo viejo, y lo harán nuevo. El hombre mismo, será renovado! – Exclamó Shira, Señora de los hombres.
Todos los habitantes de la tierra del fango, descendieron del Alto Verde recordando éstas promesas. Al poco tiempo, comenzaron a morirse, de forma, aunque dolorosa, noble. Solo quedaron unos cuantos seres honrados, que en la gracia de los dioses fueron escogidos para prolongar la raza.
Las promesas de cumplieron, y sus hijos, fueron hombres nuevos, colmados de dones. Algunos con tres ojos para ver entre las almas, otros con tres pies, cuatro brazos, dos cabezas… Una raza nueva muy superior a la anterior.
El mundo fue un lugar hermoso, gracias al amor de los dioses, a la altísima torre luminosa, y a los destellos que emanaba, renovando el mundo y colmándolo de maravillas.
Un hombre corría entre la multitud con una bolsa negra en la cabeza. Intentaba llegar rápidamente al autobús para poder viajar cómodamente sentado. En medio de su carrera, chocó con una mujer enorme.
-Espere un momento, joven – dijo ella con voz amable. Abrió su bolso, sacó la máscara de la ira, y luego de ponérsela, le abofeteó con su mano gigantesca y rolliza.
Más adelante, le apareció al hombre en el camino, un muchacho con máscara de ladrón.
-¡Deme todo lo que tenga!
-Tengo una bolsa plástica.
- démela.
-No.
-¡Démela! ¿Se va a hacer matar por una bolsa negra!
-¿Va a ensuciar su conciencia por una bolsa negra?
-Yo no tengo tal cosa.
El muchacho de la máscara de ladrón, le arrancó al otro violentamente la bolsa, para darse cuenta, que ésta ocultaba una bola de carne totalmente lisa.
Al ver semejante horror se le cayó la máscara. Dejo ver su cara de terror, que es la verdadera cara de los seres humanos y allí mismo, estalló.
El hombre sin cara sacudió de su elegante traje los trozos de carne que le habían caído, y se fue lentamente hacia una panadería que estaba a escasos metros.
Anoche, como cada mes, salimos los convergentes a Nuestro plenilunio; Ritual, ya característico del grupo, al cual convoca mensualmente nuestra amiga camela, desde su blog, Baul de letras. después de debatir acerca del lugar, salimos de la biblioteca hacia una colina cercana a la casa de catalina. Al fin llegamos al lugar; siendo recibidos por una hermosa luna roja, difuminada por algunas nubes sombrías. Nos sentamos entonces, y después de hablar un rato sobre cosas de la vida, Gabriel comenzó a leer un poema llamado “Los amorosos”.
En éstas, de en medio de la oscuridad salió una silueta. Un policía alistó su rifle, lo tomo en los brazos y se acercó a nosotros.
Buenas noches. ¿Qué hacen?
-Leer, le respondimos.
Al momento llegó otro policía.
-Ustedes estudiando en esta oscuridad… ¿Así si se aprende?
-Si se es policía, pues no- pensé, pero no dije nada.
A el no le cabía en la cabeza que estuviéramos leyendo.
-Ustedes tienen pinta de estudiantes. Con esa pinta mínimo son tira-piedras de la universidad de Antioquia.
Nadie respondió. La mayoría, si somos estudiantes, mas no delincuentes. Al fin Gabriel, preguntó:
-¿Por qué tantos prejuicios?
a lo cual el policía solo dijo:
-Los vamos a requisar.
Nosotros, con la tranquilidad de quien no debe nada, nos prestamos al atropello. Íbamos armados tan solo con las obras completas de Borges y Cortázar. Después de la requisa, los policías se fueron, pero aún con desconfianza.
Así son las cosas, los policías persiguiendo a unos pobres bobos que les gusta ver salir la luna y dejarse descrestar por el mundo, mientras públicamente, a los ojos de toda la comunidad, retoñan las semillas de una guerra pasada, sin que ellos hagan absolutamente nada.
Eran aproximadamente las seis y media de la tarde; hora en que la mayoría de a gente, al salir de sus trabajos, invade la calle en forma de humo gris.
Las personas iban y venían, subían y bajaban, de la derecha a la izquierda, de la izquierda a la derecha, o simplemente caían del cielo amarillento. Todas huían a gran velocidad. Sus cuerpos enérgicos corrían, subían escaleras, trepaban paredes; pero sus caras, eran máscaras grotescas e inmóviles; rostros deformes por la acción del tedio.
-La gente se ha olvidado de ser gente- dijo el primer viejo con cara de elocuencia.
-¿Y a nosotros qué?- respondió el octavo viejo con expresión indiferente.
-Mierda, pues si. A nosotros qué. – suspiró el primer viejo. Abrió su maletín y se dispuso a buscar la próxima cara que habría de vestir.
Queridos amigos, quiero invitarlos a visitar el nuevo blog del grupo de teatro De Pura Sepa. para todas aquellas personas que están siempre pendientes de nuestro grupo, y que gustan de nuestra labor, se estarán subiendo allí las fechas de las presentaciones, nuestros proyectos a futuro y también artículos escritos por los integrantes del grupo.
Espero pues que visiten este espacio, y se contagien de esta manera altruista y pacífica de hacerle daño a la sociedad.
Antes que nada; usted no es mi hermano, aunque me duela decirlo. Es solo una sombra, una silueta en la que creí vislumbrar al hermano que nunca tuve.
Aunque le conocí, ya en edad de razonar, no me importó llenar con su imagen todos los huecos de soledad que hubiera en mi memoria. Abrí dócilmente el pecho para albergarle en él, con tanto cariño como a mi padre o a mi madre, y hasta llegué a pensar que éramos una misma cosa. Le admiré tanto, en verdad, que le envidié muchas veces; estar cerca de usted me hacía sentir como una gota de lluvia a punto de caer al mar.
No crea que todo lo que hasta ahora le he dicho en ésta nota es con el fin de halagarle; todo lo contrario. Quise contarle éstas cosas; las únicas que nunca le conté, antes de acusarle de impío; ser despreciable y voluble que no conoce la amistad. Ya no le envidio, claro que no, aunque la vida le halla dado todo lo que para mí quisiera; más bien me compadezco de usted y me siento grande en comparación suya.
No es que ya no le estime, claro que no; le estimo igual que siempre, pero aunque le quiera mucho, ahora soy capaz de reconocer que no somos una misma cosa, aunque le estime como a mi padre o a mi madre, siento decirle que a ellos los admiro y los respeto, en cambio, al pensar en usted, deseo firmemente no parecérmele nunca.
Tal vez, no sea tan imperdonable la deslealtad, quizás la ofensa proferida no fuese fatal,
Sí, quizás exagero y la culpa no fue suya. Es tan solo que esperaba de usted más que de las demás personas.
Alexander:
Ah, mi querido suicida, ¡Cuánto te quise! De niño te llamaba hermanito, y tus hermanos, mis otros primos, se molestaban con migo. Te confieso apenado que ya casi no pienso en ti. Tu fuiste mi reflejo en el agua, fuiste una palabra sorda, un suspiro entrecortado.
Te matamos, ¡Sí, te matamos! Porque aunque fueras tu quién amarrara la soga y saltara del banco, en parte por mi culpa y la de muchos otros, ya estabas muerto en vida desde hacía mucho tiempo. ¡Perdón, perdón, perdón!
Te colgaste con la misma soga verde con la que de niños hicimos columpios y jugamos centurias enteras en la huerta de la abuela; Así como nos mecíamos todas las tardes, te meciste al final, helado y muerto una noche entera.
¿Sabes? No hace mucho sacamos tus restos. Tan solo yo lloré. Los demás no, pues ya te habían llorado lo suficiente.
Hermanito, hermanito. ¿Por qué tomas la soga entre las manos? ¿Jugaremos al columpio nuevamente?
Antonio:
No existes, ni más faltaba. Yo no tengo hermanos; solo he tenido imitaciones fugaces.
¿Cómo serías si existieras? Talvez te amaría tanto como a mis hermanos de palabra, o te odiaría cómo suele odiarse a los hermanos de sangre. Me hubiera gustado ser tío de algún mocoso para ahogarle en un arrollo. Antonio -¿o te llamarás Enrique?- eres el único hermano que no me ha causado un terrible dolor, aunque por ti también he sufrido. Tu ausencia ha sido para mí un leve frío en el corazón que me ha acompañado durante toda la vida. ¡Pero hay que verlo por el lado bueno! Gracias a que nunca exististe, no tendré que pagar servicio militar.
Siempre estuviste presente en mis sueños. A veces jugando con migo; otras veces cercenándome el cuello. Pero en mi vida real nunca apareciste.
Pasaste por mi vida levemente, en el interior del alma de un ciudadano judio, que venía de paso de la región de Iscariot.
Queridísimo Enrique – ¿o te llamarás Roberto?- me hubiera encantado ser tu hermano.
O quizás no. Si hubieras sido mi hermano, hubiese yo guardado cuidadosamente debajo de mi cama una quijada de burro.
Único y verdadero hermano mío, único eterno y leal –Leal así sea a la hora de odiarme-
Algún día, cuando yo tampoco exista, y mis despojos putrefactos alimenten a un árbol de manzanas, hablaremos en silencio de tu a tú.
En éste momento, acaba de entrar a este blog la visita número dos mil. No son demasiadas, pero hay que agradecer, es más de lo que se podría esperar para un blog de tan mala calaña como éste, que intenta pervertir a la poblacion con cosas ruines como el Arte y la Filosofía.
Muchas gracias a todos mis amigos, y a los amigos de éste espacio, que han sido mi motivación para querer joder el mundo.
Amigos, acabo de darme cuenta de una noticia, que no se a ciencia cierta si es buena o mala.
He quedado en la lista de honor plata del concurso de literatura Jordi sierra i fabra. mealegra haber estado entre las obras seleccionadas, pero, como todos, quería ganar.
Esa niña que aparece en la fotografía, de mirar sombrío, piel pálida y extraño encanto, fue Alice Pleasance Liddell, amiga del tan calumniado escritor y matemático Carrol Lewis, e inspiración para su más famoso cuento, Alicia en el país de las maravillas (Alice in wonderland).
La niña, tanto como la fotografía en sí, son realmente hermosas; Vemos a una niña misteriosa, vestida con andrajos pero bien peinada, que lleva algo en la mano que no sabemos que es, o quizás no lleve nada y esté pidiendo dinero.
Carrol Lewis fue uno de los primeros fotógrafos de la historia, y se dice que fue el primero en utilizar la fotografía con fines artísticos y no con el fin de retratar a grandes personalidades.
La fotografía es en sí muy ingenua; el vestido de limosnera es poco creíble, y la mirada de Alice no transmite lástima; trasmite complicidad y picardía, más es éste uno de sus grandes encantos.
Mientras a casi todas sus pequeñas modelos las hacía vestir con ropas elegantes y grandes paraguas, a carrol lewis le gustaba fotografiar a Alice en condiciones de desamparo, aunque fuese proveniente de una familia mas o menos pudiente.
Esta niña de cabello castaño, difiere totalmente de la rubia de vestido azul que vemos en la película de Disney, que a su vez está basada en las ilustraciones de una de las primeras publicaciones de la historia. No es posible intentar dar una respuesta clara a por qué el autor permitió que el ilustrador se tomara tantas libertades en cuanto a la apariencia de Alicia en el libro , o si quizás fue el mismo Lewis Carrol quién definió qué aspecto tendría el personaje. A mi parecer, Alice Pleasance Liddell, posee algo escondido y extraño que le falta a la súper desarrollada Alicia de Disney, que siendo una niña, con esos enormes senos, con sus ojos maquillados y su cabello de un color rubio extravagante, pareciera más bien una conejita play boy.
Alice existió, mas Alicia no; es un personaje de ficción que comparte el nombre con la niña y quizás algunos rasgos de su personalidad. Sin embargo, es bonito creer que Alicia existió, y que inclusive hay fotografías para probarlo (aunque podemos estar seguros, que ésta pequeña, nunca persiguió a un conejo blanco hasta un mundo de fantasías)
La cosa está planteada, ahora es cuestión de cada cual decidir a quien va a imaginarse cada que le menciones a Alicia; la que perseguía al conejo blanco.
el miércoles pasado fue un buen día. uno muy bueno. presentamos el parcial de commedia del arte; uno de los cursos que recibo en la universidad. el trabajo previo a la muestra del parcial fue algo en realidad divertido y liberador. el grupo de trabajo para el parcial, no pudo haber sido mejor; gente muy agradable, dispuestos a oír propuestas y a proponer. Al principio me sentí algo desilusionado a causa del personaje que me tocó asumir, pero ahora lo siento tan mío como la uña que tengo enterrada en el pie izquierdo.
la asistencia a la muestra, fue sorprendentemente multitudinaria; y lo mejor, llegaron a ella todos mis más gratos amigos. (Nos faltó Camela, pero nada es perfecto. otro día será querida amiga; espero que así sea). en fín, dejo de escribir estupideces y dejo que las imagenes hablen.
No pienso ser objetivo, ya que la objetividad en cuanto al gusto por las artes es inalcanzable; hay tantas verdades cómo seres humanos en el mundo. Me eximo así de que se lancen calificaciones como: antiprogresista, anticuado, paranoico, sicótico, pobre idiota, en fin.
La pérdida progresiva de la calidad de la pintura a través del tiempo
La pintura ha sido a través de los siglos uno de los métodos más usados por el ser humano para dejar rastro de su momento histórico, y del papel que desempeña dentro de éste. La pintura, tanto como la escritura, y posteriormente la literatura como arte, nos dan cuenta de cómo se desarrolla el individuo en determinado momento de la historia.
Nos dicen más del hombre primitivo y sus costumbres, los dibujos en sus cuevas y edificaciones y sus escrituras en piedra, que los mismos hombres primitivos, ya sean fosilizados o momificados, dependiendo de su antigüedad.
Es obvio que el tiempo avanza y las costumbres cambian, y con ellas el “qué” a comunicar, y el “Cómo” hacerlo. No se puede pelear contra eso, ya que es inherente al ser humano. Sin embargo no puedo evitar sentirme desairado después de una corta visita al Museo de Antioquia, en compañía de mis compañeros de clase.
Ver la involución violenta que ha sufrido la técnica de la pintura en aras de la expresión de la idea intangible, logró dejarme aturdido, e incluso indignado en algunos de los casos. Yo me pregunto entonces, ¿a qué se debe éste fenómeno de desmejoramiento de la técnica? ¿Será que los nuevos estilos de pintar y modelar se acomodan más a las necesidades comunicativas del hombre actual? O ¿será quizás que se murieron los genios, y camuflamos nuestra falta de talento bajo la gruesa tela de la palabra “Contemporáneo”?
Lo que sí es cierto es que, aunque en tiempos pasados, las artes de la pintura y la escultura estuvieran limitadas por los conceptos religiosos, alcanzaron la cumbre de la belleza; y en contraparte, aunque las artes visuales contemporáneas bien poco conservan de la calidad estilística de las de antaño, han conseguido acercar el arte al pueblo, y generar en éste un torrente de sentimientos.
Hay también en el Museo de Antioquia, obras que aparte de ser horribles, no dicen nada, pero no voy a referir mucho en éste texto a ésos mamarrachos, porque se supone que debo hablar de arte.
Cabe decir que esta depresión en la calidad no ha afectado solo a la pintura, ha hecho también estragos dentro de la literatura y la poesía, donde cosas similares a: “Tengo hambre/ quiero papas fritas/ ¡abajo el papa!”Son consideradas grandes obras, capaces de competir con el gran León de Greiff, o incluso con el excelso Whitman.
Creo que es entonces un buen momento para preguntarnos si la belleza y la conceptualidad pueden darse la mano y trabajar juntas por un arte contemporáneo digno de ver, o si por el contrario, la belleza y la libertad del concepto seguirán huyendo la una de la otra, hasta que alguien en un mañana no muy lejano, haga astillas a la pobre Giocconda para así olvidar el pasado de las artes visuales.
El asunto no está en volver a pintar como en el renacimiento; es hacer artista al artista e ingeniero al ingeniero; es respetar al pueblo, que espera de sus creadores iluminados, tan siquiera un poco de dedicación.