¡Que noche tan maravillosa nos ha regalado Camela! Oscura sacerdotiza que nos inicia por los místicos caminos de la brujería poética. Deberíamos quemarla sin piedad en una hoguera, como si fuera un astrónomo, como si fuera un profeta; Deberíamos ahorcarla en medio de una plazoleta.
¡Que maravillosa noche nos ha regalado Camela! que no queda más remedio que dedicarle un poema:
Anoche Oh anoche, noche gloriosa en la que amé la vida; Lástima verte perdida entre los ecos del tiempo. Porque tu fuiste remedio para los males de mi alma; Me devolviste la calma y me prestaste la alegría. Profanamos la colina, en la nos asentamos, Allí a la luna le aullamos, una que otra herejía, Le aullamos poesías, y le cantamos canciones, Dejando nuestros corazones expuestos a la brisa fría. Noche si no te repites, yo te juro que me mato; Me lanzaría de un salto de aquella misma colina, En que la luna fue mía y propició mis arrebatos Y ante los ojos de tantos mostré mi licantropía.





