
Dante endiosó a su Beatriz;
yo no endiosaría a Helena.
Poe hizo de Leonora, una virgen luminosa,
Aclamada por los ángeles.
Yo seria incapaz de hacerle a Helena tal cosa.
Helena no es diosa, Helena no es santa;
Helena es mujer.
¡Helena es mujer, alabada sea!
¡alabada sea por ser mujer y no ser santa!
Es tan mortal como una flor cualquiera,
Tan mortal como el sol de la tarde.
Las manos de una diosa son inalcanzables,
las manos de una santa, son frías y de yeso;
las Manos de Helena, son cálidas y bellas.
Manos que acarician, y manos que besan.
Es humana, capaz de amar,
Pero también de odiar y enfurecerse.
Si Helena fuera santa, no tendría ninguna gracia.
¡Qué aburridos son los santos!
Helena está viva; camina desnuda por su casa,
Y canta en todo momento.
Está bien que no es un ángel, pero canta como tal.
Los animales y los niños se duermen con su canto.
Su vida no ha sido perfecta,
Ni limpia de pecado. ¡Es mujer!
¡Ni diosa, ni santa! Por eso la alabo y glorifico.
¡Exalto su humanidad.
Uno no puede tocar a las deidades,
Pero a helena se le puede tocar.
Yo mismo he besado sus mejillas blancas;
Esas mismas por la que he visto rodar lágrimas,
Causadas por mi propia iniquidad.
Yo cruelmente la he hecho llorar,
Para ponerme a llorar después.
Soy hombre, así como ella es mujer.
Tan mortal como un león cualquiera,
Tan mortal como el sol de la tarde.
Helena es mujer; más mujer que todas las mujeres.
No necesita ser diosa ni santa; con su humanidad le basta,
Y me basta a mi también.