Según la ley 00000005673(10)E45 del año 1999, todo lector que no exista tendrá derecho a:
1º A pasar su inexistencia tranquila, sin leer nada.
2º A soñar con mundos maravillosos erigidos con palabras que, como él, no existan.
3º A leerse la enciclopedia ESPASA cuantas veces quiera; al fin y al cabo, tiene toda una eternidad para ello.
4º A corregirle la ortografía a los jeroglíficos de la tumba de Ramsés II, mientras toma café en la galaxia de Andrómeda.
5º A malgastar su tiempo con libros de superación personal.
6º A debatir con dios –de inexistente a inexistente- sobre la belleza literaria de la Biblia.
7º A leer en voz alta dentro de la cabeza de algún loco.
8º A ser ignorado por el mundo entero.
9º A ofrecer apasionados discursos de filosofía, utilizando toda la inaudible potencia de su no garganta, parado sobre la mesa de cualquier biblioteca pública.
10º A sentarse con Gonzalo Arango, en algún ligar del limbo, a conversar sobre la nada.
