Febrero 17, 2008...2:25 am
A MIS HERMANOS ANTONIO, ALEXÁNDER Y JUAN.
Juan:
Antes que nada; usted no es mi hermano, aunque me duela decirlo. Es solo una sombra, una silueta en la que creí vislumbrar al hermano que nunca tuve.
Aunque le conocí, ya en edad de razonar, no me importó llenar con su imagen todos los huecos de soledad que hubiera en mi memoria. Abrí dócilmente el pecho para albergarle en él, con tanto cariño como a mi padre o a mi madre, y hasta llegué a pensar que éramos una misma cosa. Le admiré tanto, en verdad, que le envidié muchas veces; estar cerca de usted me hacía sentir como una gota de lluvia a punto de caer al mar.
No crea que todo lo que hasta ahora le he dicho en ésta nota es con el fin de halagarle; todo lo contrario. Quise contarle éstas cosas; las únicas que nunca le conté, antes de acusarle de impío; ser despreciable y voluble que no conoce la amistad. Ya no le envidio, claro que no, aunque la vida le halla dado todo lo que para mí quisiera; más bien me compadezco de usted y me siento grande en comparación suya.
No es que ya no le estime, claro que no; le estimo igual que siempre, pero aunque le quiera mucho, ahora soy capaz de reconocer que no somos una misma cosa, aunque le estime como a mi padre o a mi madre, siento decirle que a ellos los admiro y los respeto, en cambio, al pensar en usted, deseo firmemente no parecérmele nunca.
Tal vez, no sea tan imperdonable la deslealtad, quizás la ofensa proferida no fuese fatal,
Sí, quizás exagero y la culpa no fue suya. Es tan solo que esperaba de usted más que de las demás personas.
Alexander:
Ah, mi querido suicida, ¡Cuánto te quise! De niño te llamaba hermanito, y tus hermanos, mis otros primos, se molestaban con migo. Te confieso apenado que ya casi no pienso en ti. Tu fuiste mi reflejo en el agua, fuiste una palabra sorda, un suspiro entrecortado.
Te matamos, ¡Sí, te matamos! Porque aunque fueras tu quién amarrara la soga y saltara del banco, en parte por mi culpa y la de muchos otros, ya estabas muerto en vida desde hacía mucho tiempo. ¡Perdón, perdón, perdón!
Te colgaste con la misma soga verde con la que de niños hicimos columpios y jugamos centurias enteras en la huerta de la abuela; Así como nos mecíamos todas las tardes, te meciste al final, helado y muerto una noche entera.
¿Sabes? No hace mucho sacamos tus restos. Tan solo yo lloré. Los demás no, pues ya te habían llorado lo suficiente.
Hermanito, hermanito. ¿Por qué tomas la soga entre las manos? ¿Jugaremos al columpio nuevamente?
Antonio:
No existes, ni más faltaba. Yo no tengo hermanos; solo he tenido imitaciones fugaces.
¿Cómo serías si existieras? Talvez te amaría tanto como a mis hermanos de palabra, o te odiaría cómo suele odiarse a los hermanos de sangre. Me hubiera gustado ser tío de algún mocoso para ahogarle en un arrollo. Antonio -¿o te llamarás Enrique?- eres el único hermano que no me ha causado un terrible dolor, aunque por ti también he sufrido. Tu ausencia ha sido para mí un leve frío en el corazón que me ha acompañado durante toda la vida. ¡Pero hay que verlo por el lado bueno! Gracias a que nunca exististe, no tendré que pagar servicio militar.
Siempre estuviste presente en mis sueños. A veces jugando con migo; otras veces cercenándome el cuello. Pero en mi vida real nunca apareciste.
Pasaste por mi vida levemente, en el interior del alma de un ciudadano judio, que venía de paso de la región de Iscariot.
Queridísimo Enrique – ¿o te llamarás Roberto?- me hubiera encantado ser tu hermano.
O quizás no. Si hubieras sido mi hermano, hubiese yo guardado cuidadosamente debajo de mi cama una quijada de burro.
Único y verdadero hermano mío, único eterno y leal –Leal así sea a la hora de odiarme-
Algún día, cuando yo tampoco exista, y mis despojos putrefactos alimenten a un árbol de manzanas, hablaremos en silencio de tu a tú.
7 comentarios
Febrero 18, 2008 a las 7:40 pm
Si hubieras tenido un hermano habrías tenido que compartir con él tu genialidad, y yo no hubiera podio haber leído un escrito tan genial… mejor dicho: genial, genial, genial. Tu lo entiendes.
Febrero 19, 2008 a las 1:17 am
Muchas gracias señor Ospina. Me alegra que se pase por aquí.
Febrero 19, 2008 a las 11:18 pm
Amigo
No debió ser fácil escribir esto.
Febrero 20, 2008 a las 8:52 pm
Mi querido hermano, a todos nos hace falta un pedazo de ser, lo convertimos en hueco de madre, de padre, de hermanos, los convertimos en dolores, ausencias… por eso “LAS SOLEDADES DE BABEL”.
En este momento hermano de dolores, de padecimientos… una vez, no hace mucho, escribí, por el estilo, una extensa carta a mi madre, aun no me animo a publicarla, pero que valiosísimos exorcismos, que bella manera de reprochar, de escupir en la cara de nuestros verdugos.
Te mando pues un abrazo lleno de letras, de palabras y te espero nuevamente por mis rincones desolados.
Febrero 21, 2008 a las 12:39 am
Me pido la primera carta… jaja
Febrero 27, 2008 a las 5:13 pm
espero que esta vez te llegue mi opinion
maldito araque, estas durando mucho,ya se que porque?
nos devuelves esos recuerdos de aquellos amigos, que como tu , lo hemos matado o suicidado brutalmente.
es bueno ver q no te dejas contagiar del mundo, jejeje tu lo creas
Marzo 12, 2008 a las 6:35 pm
El silencio dice mas que mil palabras, eso es cierto, duele mas cuando no escuchas nada que cuando te insultan sin parar
las fechas son importantes depende de la persona
las acusaciones pueden ser justas o puede que no lo sean
el dolor marca pero ese dia se acerca y cuando llegue depende la accion todo se definira.
Escribe un comentario