Estoy poseído por el diablo, lo confieso.
El diablo entra en mí como un rayo de sol
A mediodía, o como un pálido beso de Selene
En las noches de plenilunio.
Cuando viene a mí, hay fiesta en mi corazón;
Y bailamos, y jugamos a que yo soy el diablo
Y le poseo.
Jugamos al exorcista y al exorcizado,
para luego dormir sobre un solsticio
amarillento.
En verdad, estoy poseído por el diablo.
Y pienso a veces, que el diablo y
yo somos la misma persona.
El diablo me saca de éste mundo
Y me lleva a recorrer el espacio.
Así, nos ponemos a blasfemar en Marte,
O nos vamos a Venus a tomar el sol.
¡Oh, que felices hemos sido el diablo
y yo entre los montes de Venus!
Lo miro a los ojos,
lo llamo por mi nombre y el entiende;
se convierte luego en una flauta lujuriosa
de tenores cantos,
y mi voz y su voz se hacen la voz del mundo.
¡Yo soy el mundo entero cuando el diablo me posee;
Sostengo sobre mis cuernos la redondez de la tierra!
Entonces soy Legión y me lanzo a conquistar,
de manera inofensiva.
Tomo una hoja de papel; y escribo un herético poema.


