Sí, yo sé que llorábamos al acordarnos de Sión.
Yo sé que pasábamos entre los muertos
y luego nos limpiábamos sobre la grama
la sangre de los zapatos.
Sé que fuimos doce hermanos
Y ahora solo somos tres;
Que vinieron tropas
del arriba
Y del abajo,
De la derecha
y la izquierda
y se llevaron todo,
dejándonos entre las manos
los corazones tibios y palpitantes
de nuestros gratos amigos.
Dejaron las jaulas vacías
en los balcones de las casas,
y adornaron las calles con pajarillos
fríos de patitas tiezas.
Sí, yo sé que sentados sobre una piedra
En los ríos de babilonia,
Vimos pasar flotando a un vecino
Con la boca llena de fango y hierba.
¿Para qué me lo cuentas si yo ya lo sé?
Yo sé que cargamos al tío Jacinto
En bolsitas pequeñas hasta el cementerio.
Yo sé lloramos cogidos de las manos
Sobre losas frias.
Yo sé que los perros lamían la sangre
Y que esta rodaba hasta la alcantarilla.
Cerraron los colegios,
Las iglesias,
Las tiendas,
Cerraron gargantas
Y ojos juveniles,
Y abiertas quedaron las carnicerías
Que exponían en ganchos de aluminio
A nuestros hermanos
Cortados por kilos.
Yo sé que vimos descender a dios de la montaña
Y ocultarse en la ciudad del norte.
¿Si yo lo viví para qué me lo recuerdas?
Ya deja a los muertos
En las profundidades del recuerdo y del rio,
Que arrastro sus despojos al océano,
Tan lejos de nosotros
Con el fin de que les olvidáramos del todo.
