Quiero descansar, quiero volver a la patria:
pobre era mi patria,
de casas grises y desentejadas,
pero era mía.
Quiero volver al lugar pantanoso en que nací
del que no debí alejarme nunca.
Estoy cansado de vagar perdido entre la hermosura
de las ciudades tuyas, tan bellas y tan ajenas.
Allá en mi patria tenía yo un caballito de madera,
y la certeza de que, aunque triste fuera,
estaba yo donde debía estar.
Ahora, no estoy en ninguna parte.
Me he extraviado del camino de la vida
y deambulo por mundos distantes con las manos vacías.
Ah, partí de mi hogar un sábado
y al amanecer del domingo había llegado a un mundo nuevo.
Un mundo nocturno,
donde la gente comía gente con jugo de mandarinas,
donde una hermanastra podía ser una novia,
donde todo era todo,
donde yo era yo
y donde todas las cosas sucedían por algo.
Pero luego comencé a sentir tan ajenas estas tierras
que ahora no encuentro mi lugar en ellas
y quisiera descansar de nuevo en la soledad
de mi casa.
Quisiera nunca haber pasado la noche en éstas calles
y ver bailar los espíritus a las tres de la mañana.
Quisiera volver pero no puedo;
amo tanto esta tierra ingrata
que no puedo alzar el rumbo.
Ah, quisiera encontrar aquí, lejos de casa,
al menos un rincón cómodo
con una lamparita de aceite y
una manta tibia
donde pasar los días que me queden por vivir,
por que no puedo volver a mi patria,
por que perdí el mapa entregado al desenfreno,
y he olvidado el camino para siempre.
