A los pies fríos del alba,
canta un hombre con su Lira,
y la noche escucha sus notas heladas
de agua cristalina.
¡Pobre trovador! ¡Pobre payaso!
Que dejas de ser un hombre
para evaporarte en canto.
¡Ay del cantor; del pobre Bardo!
Pobre Pierrot desquebrajado,
que con tu lira recoges
a cada nota, los fragmentos de tu alma
que se te han caído con el paso de los años.
Con sus dedos transparentes
acaricia cada cuerda.
Y el cielo llora,
y el cielo llora al escuchar su canción.
Y el cielo se rasca los ojos,
y se le caen algunas estrellas.
¡Pobre trovador!
Al terminar la última estrofa,
y al dejar de vibrar la última cuerda,
se deja caer al suelo empapado.
Si ya no hay canción,
el trovador ha muerto.
Y la lira lo observa y guarda silencio.
Pues es el silencio,
lo que da su belleza a la música.

Aprecidado trovador. Espero que tu lira suene hoy o mañana por otros ámbitos. El blog de ConVerGentes te espera. es un trabajo colectivo que se enriquece con el concurso de todos.
Y tu sonido es importante allá.
Que suene tu lira cuanto antes,
Comment por alvaroramirez — Abril 17, 2009 @ 9:42 AM |
Excelente escrito, pobre el cielo que se rasca los ojos y se le caen las estrellas.
Comment por MaRíN — Abril 17, 2009 @ 1:50 PM |