Sobre la mesa tres velas encendidas,
un hombre calvo.
Fundidos en pesada oscuridad,
tres cuerpos se ocultan entre las piedras.
Un ruido.
El hombre calvo se levanta,
y los hombres de entre las piedras se besan.
Tres velas sobre la mesa
erguidas
hiriendo la horizontalidad
de los cuerpos,
de la mesa,
y del horizonte azul y lejano,
que se ve por la ventana.
El hombre calvo desaparece
tras una capa de niebla,
vuelan tres cuervos
que se pierden en la boca negra
que era el cielo razo.
Alguien pide silencio;
los hombres entre las piedras se agazapan
el hombre calvo apaga una vela
un ruido
la oscuridad hace mas pesado el aire
sobre las cabezas
el hombre calvo dobla el cuello
pero ahí están las velas
cual tres atlas
sosteniendo bóveda de pesadez
Un ruido
el hombre calvo tose
una vela cae hacia arriba
y se pierde en la noche.
Los hombres entre las rocas
se pierden entre las rocas.
El hombre calvo cae de rodillas
la última vela se quiebra
y la oscuridad cae
seca y pesada
esparciéndose horizontalmente
como Yahveh sobre egipto
en la noche de los primogénitos.
Hombres cobardes ocultos tras las rocas y aclamando no ser escuchados