ACTO DE EXPULSIÓN A SALUD HERNÁNDEZ MORA

 

En nombre de mis nativos muertos,

y sus tejidos sin acabar en un rincón;

en nombre de mis negros abusados,

arrancados y empobrecidos;

y en nombre de las madres, cuyos senos

dejó goteando al viento

el grito nefasto del caudillo;

En nombre de los profesionales

que se graduaron en el cielo;

En nombre de Víctor Jara,

En nombre de los cabecevacas

que como en la peor égida

recibieron el golpe del cazador Orión;

En nombre de mis selvas

que manan cántaros de sangre verde y roja;

En nombre de mis jóvenes caídos

y mis mujeres desgarradas;

En nombre de esta sangre mestiza

que corre por mis venas

en nombre de mi piel blancuzca,

mi ardor de negro

y mi corazón nativo,

En nombre de Cuauhtémoc y Tupac

En nombre del llanto de mis bananeras

y el angustioso grito de las niñas;

En nombre de los dioses de Cuzco,

con la bendición de la Guadaupana

y en nombre de mi Babalú Ayé;

Yo la expulso,

Moral, simbólica, místicamente

yo la expulso y la reprendo.

¡Fuera!

¡Fuera!

¡Fuera!

¡Vuelva a su patria, Salud Hernández Mora!

Búsquese un lugar bonito en el mediterráneo,

y siéntese a esperar la muerte lejos de mi Tierra.

RESEÑA TEATRAL: EN LA DIESTRA DE DIOS PADRE

Grupo: Pequeño Teatro.

Dramaturgia: Tomás Carrasquilla – Enrique Buenaventura.

Dirección: Rodrigo Saldarriaga
Año de estreno: 2003.

 

Aunque es martes en la noche, la ciudad despide un ambiente jovial. Hay partido del nacional, el siguiente miércoles es festivo, y estamos en plena feria de las flores; la noche se perfila como lo que suelen llamar por estas tierras “un viernes chiquito”. 

Decidí ir ese día al Pequeño Teatro porque había escuchado que la obra, En la Diestra de Dios Padre, tenía gran afluencia, y que si no iba pronto y aseguraba mis boletas, no podría verla. Supuse que aquel martes no habría tanta demanda de teatro, y que conseguir entrar no sería trabajoso. Aún así, tomé la precaución de pedir a un amigo del elenco, me reservase dos entradas. (¡Por fortuna!)

Al llegar a la cuadra del Pequeño para esperar a mi compañero de aventuras, faltando aún treinta y cinco minutos para el inicio de la función, vi desde la playa una larga fila de personas que se apretujaban tratando de conseguir una boleta: niños, jóvenes, adultos y viejos. Me acerqué por un lado, reclamé mis reservaciones eludiendo la larga y ruidosa fila, y tras la llegada del esperado, ingresamos directamente a la casa, pasando de largo junto al hombre que con algo estrés e impotencia trataba de establecer un poco de orden en la multitud. Al entrar a la sala, nos topamos con una silletería casi agotada.   Sigue leyendo “RESEÑA TEATRAL: EN LA DIESTRA DE DIOS PADRE”

SILA Y EL MARAVILLOSO VESTIDO DE LUZ

PARTE I:

EL SUEÑO DE LA TORTUGA.

 

Este cuento es un invento. Es como todos, la mezcla de otros cuentos con sueños recurrentes. ¡De ese caldo negro y denso de formas mezcladas vienen todas las historias y sus imágenes inquietantes acompañan a todas las criaturas desde antes de nacer. 

¿Sabías que hay tortugas de mar en todos los planetas con mares? Al antepasado le encantan y las pone por todas partes… unas veces de un color, otras de otro, en algún planeta con una cabeza más, en otros con una cabeza  menos, en algunos al principio y en otros al final de la cadena trófica; pero en todos al fin y al cabo, las tortugas de mar son tortugas de mar, y sin importar el tamaño de los dientes, o el número de patas, aletas o cabezas, todas concuerdan a rasgos generales con la idea inmortal de la tortuga primigenia que habita en la mente del viejo. Yo he visto muchísimas durante todos estos viajes, de todas las formas y de todos los tamaños; créanme… he visto algunas tan grandes como para sustentar un universo sobre el caparazón. Lo más particular es que todas ellas, sin importar la forma, el tamaño o el planeta,  comparten el mismo sueño recurrente… De modo que, tras liberarse del cascarón, cuando abre los ojos y la luz la hiere por primera vez, una pequeña tortuga se acuerda de su sueño, y vuelve a escuchar esa voz terrible y hermosa que le dice en el idioma de las tortugas marinas bebés… ¡Corre, hacia el mar… corre!

Así comienza esta historia… como todas las buenas historias, en el mar… con un espíritu moviéndose sobre las aguas; es así como a pocos pasos del lugar en que una pequeña tortuga estaba a punto de fracasar en su carrera hacia la seguridad del océano en las fauces de un pterodáctilo hambriento, los Makutha, una temida banda de contrabandistas interestelares, subían sobre una pequeña balsa golpeada por las olas, llevando consigo un misterioso tesoro. 

Eran tres hermanos… Corso el mayor, Nanka el del medio y Sila la menor, quien era la última en subir al bote. Sobre sus raquíticas piernas, en una cajita de madera, se guardaba sin que ellos lo supieran, el misterioso vestido de luz que por casualidad, quizá por desgracia, habían robado.

RESEÑA TEATRAL: LA CASA DE BERNARDA ALBA

Grupo: Elemental Teatro.

Dirección: John Viana.

Dramaturgia: Federico García Lorca.

 

No es  tarea sencilla satisfacer la promesa que se hace al espectador, al poner el nombre de Federico García Lorca en el afiche de un espectáculo. Lorca es uno de esos casos en que, independientemente del aire estético de la puesta en escena, el autor constituye en sí mismo una institución, un lenguaje… o… como dirían los impulsores de la economía naranja … una marca. (Perdón Lorquita, no vaya a ser que tras esto, resulte algún emprendedor vendiendo pocillos con tu foto, como le pasó a la pobre Frida)

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SOLO POR UNA VEZ

 

Solo por una vez, no tengamos sexo…

solo por una noche… hagamos el amor. 

permiteme solo por una vez,

mostrarte que del mismo modo 

en que tu cuerpo encuentra dentro de mi cuerpo

un lugar tibio donde reposar

del mismo modo, solo por una vez,

podría mi alma abrir un rincón tibio para albergar la tuya.

Tan solo por una vez, no cierres los ojos ante el placer. 

Date el placer de perderte en los míos, que son bellos,

sin huir atemorizado ante esa bestia sin nombre

que vive en mi ceja derecha.

Tan solo por una vez

no te derrumbes tras el estallido del goce,

ni te quedes dormido dándome la espalda.

dejándome solo la posibilidad, de acariciarla con un dedo,

dibujando en ella un mapa hacia ti.

Tan solo por una vez no huyas al amanecer, si estamos en mi reino,

ni esperes mi partida si estamos en el tuyo.

Solo por una vez quédate dormido,

sin prisas,

de modo que pueda mirarte, y oirte respirar.

Solo por una vez, no nos vayamos de roce…

rocémonos, sin miedo…

Solo una vez…

me conformo.

Solo por una vez, no tengamos sexo…

solo por una noche… hagamos el amor.