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AUTOAYUDA # 1

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Haz lo que quieras con tu arte. Pero recuerda siempre que no es un don, que es un musculo ejercitado. Dóblalo, córtalo, véndelo, ponlo a disposición del comercio, pero guarda en tu corazón siempre la pregunta, esa misma que se desborda en cada cuartilla, de tantas formas. No lo muestres todo, y guarda siempre lo mejor para ti mismo. No te olvides nunca del viejo que te dijo que cada página escrita en castellano, hace parte del epílogo de Don Quijote. No te olvides que cualquier conflicto, versado, narrado, actuado o ensoñado, tiene sus primeros antecedentes en la perfidia de Helena y en la ira de Menelao y antes de eso, en la manzana de oro que resguarda la vieja pelea; la de siempre, esa que la honda y el corpúsculo no han logrado resolver. No es posible para un artista traicionarse; puede traicionar a su obra previa, a su público, al amor de su vida (frecuentemente) pero nunca a sí mismo, porque para el artista, él mismo es su mas grande amor. Hay que amarse mucho a sí mismo para creer que uno tiene algo que contarle al otro, que su visión merece ser compartida en un mundo con tantos ojos. Haz lo que quieras con tu arte, ponle los logos que debas ponerle y los pie de páginas necesarios para que los incautos no se pierdan; pero oculta en el siempre un diamante, visible solo para los dignos de su majestuosidad.

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TIEMPO PERDIDO

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El tiempo perdido
se va a jugar a los rincones oscuros.
Ahora mismo
estoy jugando con una sombra silenciosa
que esta oculta debajo de mi cama.
Dice no tener un nombre
dice que no esta nunca
en el lugar en donde está.

 

 

pero la veo,
sobre todo en dias como hoy.
Su respiracion detras de mi oreja
delata su presencia
cuando corro por el camino.
Siempre trae los bolsillos
llenos de piedras.

 
Le gusta permanecer atras
o debajo de las cosas.
de mi.
nunca al frente.
Nunca adelante.

 
Mirar atras es siempre un acto
de suprema gallardia.
Las identidades que hemos dejado
vienen siempre hambrientas
a devorar el nombre
que queremos cantar hoy.
la cara que queremos hacer nuestra.

 
Algun dia voy a dar la vuelta,
para verlo de frente,
dejar de recorrer los caminos diurnos
y seguir las huellas
del tiempo perdido.

NOSTALGIA DE MAR

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El Niño había nacido en Utumno.

Nunca había sentido nostalgia por el mar.

Los cuernos palpitantes

que  adornaban tan erectos su cabeza,

no eran de cabra.

Habían sido forjados

al igual que su corazón y su miembro

-que eran uno solo-

con las espadas fundidas

de los reyes de los hombres

caídos en el sitio de Angband.

Nunca había sentido nostalgia por el mar.

Había mirado siempre hacia las profundidades.

No se había preguntado nunca

por lo que hay más allá del horizonte…

Nunca había sentido nostalgia por el mar…

hasta el día

Soleado y propicio día

en que por accidente se topó con Glorfindel

en un cruce de caminos.

Allí, por un instante

por un pequeño instante,

gracias a una brizna de sol,

alegre y oportuna brizna de sol,

aunque nunca había sentido nostalgia por el mar,

vio en la pupila del joven anciano

un reflejo, un destello

de las aguas imperecederas que resguardan Valinor

y el gozo de las torres inmortales

que se alzan en la ciudad en una alegría sin tiempo.

Glorfindel siguió su camino

rumbo a su secreto destino,

Secreto como todo lo que cantan y disponen

los  elfos bien nacidos,

Pero el niño de los cuernos sintió entonces

en su corazón de hierro

-Que es su mismo miembro-

el golpe impetuoso y apasionado de las olas.

Hasta ese día

Nunca había sentido Nostalgia por el mar.

Ahora construye una casa en la playa

en donde el aire sabe a sal

y donde las caracolas

replican el canto gozoso de las bellas gentes

que llenas de dicha,

dedican la eternidad a cantar

las glorias de Eru, Ilúvatar,

Ese espíritu con tantos nombres.

CANCIÓN

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En la parte alta de mi casa

una niña libera sus cabellos al viento.

El viento, un pentagrama

y a la vez un tendedero,

donde cuelga sus anhelos sin nombre.

En la parte alta de mi casa,

vieja casa, a la vez trono y grillete,

Una niña quiere cantarle al aire

una canción nueva.

Pero ¿cómo cantarás, Alma mía?

¿Cómo cantarás esa canción

que es todas las canciones?

¿Cómo podrás danzar

esa canción sin ritmo,

sin silencios, sin final?

Entonces, hermosa niña,

¿cómo escribirás esa canción

que solo puede ser oída

con oídos de viento?

Hermosa niña,

cuando el dueño de la casa duerme

se perfuma el cabello y salta

salta desde la parte alta de mi casa,

casa nueva

para caer simplemtente en el olvido,

oscuro mar,

al que la he condenado con el ruido

que hago mientras camino

por negritudes insondables.

Ruido, es decir, otra canción.

Oscuridad, es decir, ese hermoso color,

temido y deseado.

Pobre niña,

se asusta cada vez que toma la decisión de salir

y se encuentra con la puerta cerrada.

No cerrada con cerrojos…

cerrada con vacío

con ausencia de puerta

cerrada con un muro.

¿Por dónde has de salir, Alma mía si la puerta

no es más que una idea?

Niña pájaro con alas de amor cortadas,

y una canción sin letra y sin melodía

rugiendo entre los sueños.

Recorre entonces los sótanos fríos,

tormentoso reino.

Allí donde lo que se arrastra es rey.

Pobre niña.

Entonces se hace vieja.

Cada vez que visita los sótanos de mi casa,

sótanos, a la vez como piernas y como raíces,

recolecta pequeños tesoros

que lleva a la parte alta.

Conserva allí, en una mesita, al amparo del polvo,

un pedacito de muerte pulida con las manos

Una palabra no dicha, pero imaginada

de un lenguaje inexistente

y un montón de deseos cristalizados.

Tu silencio es tu canción.

Alma mía.

Una canción que no se puede cantar,

pero que es cantada siempre,

por los pájaros al interior de sus sueños.

En la cabeza de la niña hay un nido de pájaros,

y  en su corazón una concha vacía

y en sus pies la promesa de un camino

y sus manos una caricia pródiga

que espera albergarse en un sexo tibio

y en su boca una canción…

esa canción

la única canción

que no puede ser cantada

porque se canta así misma

siempre

en todas partes

todo el tiempo.

Es ese Cuerpo Corazón

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Justo ahí, en ese cuerpo corazón,

hay una nudo de caminos…

árida cartografía que se enreda

con cada palpitación.

Algunos, caminos de piedra…

otros, meras sendas entre los montes,

creadas por el tiempo de tanto recorrer los mismos pasos

de tanto decir las mismas palabras.

Aquí y allá, una que otra carretera.

Alguna avenida tiene tu nombre.

Justo ahí, en ese cuerpo corazón,

justo ahí, en ese nudo de caminos,

vaga perdida una gran dama.

En sus ojos brilla el mar que vio una vez.

Los pies blancos le sangran

de tanto caminar entre las piedras,

y el vestido de seda trasluce ante la luz de un sol

un sol ausente que no brilla en el cielo.

Justo ahí, en un senderito cualquiera,

vaga perdido un monstruo de siete cabezas.

Una masa informe de pústulas y dientes,

que rueda por los caminos

dibujando su trayectoria con un hilo nauseabundo

de secreciones viles.

Gime y gime, buscando su joya perdida.

La dama y la criatura,

se están buscando hace siglos,

ahí, justo ahí en ese cuerpo corazón.

La hermosa bestia, y la monstruosa dama.

La hermosura de la bestia subyace en su hambre.

En su necesidad de acaparar todo lo bello.

De este modo ha recolectado piedras preciosas

en todos los caminos.

Diamantes incrustados en sus dientes.

La belleza de la bestia está en su amor,

en su amor por la carne blanca y tibia.

En su amor por el ultimo suspiro

de las damas cuando mueren…

La monstruosidad de la dama,

se encuentra en su necesidad.

En su necesidad de ser devorada,

abierta, desangrada.

Busca desesperada una bestia

que le desolle, que le arranque las plumas,

que le atraviese con la lengua.

Pero es ahí… justo ahí…

en cada palpitación

donde sus caminos se alejan,

y los dos se ansían.

Entonces el monstruo se siente vacío.

Vacío como la espera de tu mirada.

Vacío como morder, besar y abrazar

un cuerpo que no se ama.

Vacío.

Y la dama, se siente hermosa.

Insoportablemente hermosa.

Y entonces llora.

Llora diamantes, que tarde o temprano

terminan incrustados en los dientes de la bestia.

Visto desde arriba, ese cuerpo corazón,

es un tejido de caminos.

Pero todos los caminos llevan al mismo sitio.

A una torre.

A una torre blanca, justo ahí.

Justo ahí en el centro.

Ahí.

A la vista… al alcance…

oculta e inalcanzable.

Y adentro de la torre, custodiada por un águila roja,

hay una estrella

una luz profunda que nunca verán

ni la dama ni la bestia.

Condenados a buscarse,

siempre ahí,

justo ahí.

En ese cuerpo corazón.

MADRE Y PADRE NUESTRO

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Madre y Padre nuestro

que estás en la tierra, en el aire, en el agua y en el fuego

Santificado sean todos y cada uno de tus nombres.

Haz con nosotros tu reino.

Oh innarrable, oh inexpresable

teje nuestra vida con hilos luminosos.

Oh espíritu de la ternura.

¡Que grande es la casa en que pasas la eternidad

jugando con el vacío!

Ese, tu viejo y mejor amigo que eres tu mismo.

Enseñanos a comprender que la oscuridad,

no es más que un lamento desesperado

implorando la presencia de la luz.

Te llamas jesús,

te llamas Sidharta,

te llamas Quetzatcoatl,

te llamas Krisna,

canción primera que contiene todas las canciones.

Tu tejiste un entramado de palabras santas

en el torrente de nuestras venas,

para que entre nuestros pueblos,

pudiéramos contar la historia de nuestra amistad contigo.

¡Benditas palabras!

¡Mandamientos de amor escritos en nuestras células con letras de fuego!

Oh infinitamente pequeño, e infinitamente grande,

luz del corazón,

pequeño limón en flor, corazón de la tierra.

Desenreda y teje,

desenreda y teje.

Los querubines te cantan con palabras de energía pura

que resuenan en todas las frecuencias.

Oh amor que entrelaza los átomos,

Oh hermoso número

enséñanos a honrar a nuestros ancestros

y a verte en todas las cosas.

Amor que vives en lo profundo del corazón,

haz de tu deseo nuestro deseo,

y renueva la conciencia de nuestra hermandad.

Desenreda y teje,

desenreda y teje.

¡Claro que el tiempo se nos escapa!

¡Cómo alcanzarlo si es un niño descalzo corriendo por tus campos!

Borra la ilusión de la separación y el desentendimiento,

para que podamos morar en el árbol infinito de tu reino,

siendo luz de tu luz por todas las edades.

Aho.

BABEL

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¿A qué recurrir si me quedo sin palabras?

He fracasado como entidad comunicante.

He gastado cada una de las palabras que me se

tratando de explicar, algo…

Solo un poco de esto que me pasa,

y se me han acabado las letras y los números.

Traté de usar la palabra “Yo”

pero esa palabra no tenía nada que ver conmigo.

Y usé los números del cero al nueve,

sin poder contar entre los dedos

la cantidad de nada que me invade,

y el exceso de todo que desbordando mi cabeza

se avalanza hacia vos.

Hacia todos los vos.

Y usé la palabra hogar y sentí frio,

Y se me ocurrió que me podía inventar un nuevo lenguaje

compuestos de signos verdaderos.

Entonces me dije…

Cuando quiera decir lluvia, me voy a poner gris.

Voy a hacerme denso y gris,

hasta que se me escapen unos cuantos truenos,

y así sabrán que quiero decir lluvia.

Y cuando quiera decir bello,

voy a mirar como miran los gatos,

y cuando quiera indicar la distancia entre dos puntos,

voy a pararme en ambos a la vez,

y cuando quiera decir sol voy a abrazar,

y cuando quiera decir dios voy a tocar mi corazón,

y cuando quiera decir hambre, voy a colapsar sobre mi mismo.

Y si quiero decir tu nombre, me lo voy a inventar.

Te voy a nombrar en el idioma infinito

del reino de barbelo,

No con palabras de aire sino con palabras de fuego.

Y me inventé un lenguaje nuevo,

y con mis palabras pude ser el mundo.

Te busqué,

y te hable, a mi manera,

de la lluvia, de lo bello, del sol, de dios, de mi eterna hambre,

y de los dos mil nombres que te puse desde siempre,

me miraste, sonreíste.

Y me di perfecta cuenta de que no habías entendido absolutamente nada.

Solo entonces,

Lloré por la caída de Babel.

Solo entonces supe

cuánto habíamos perdido.