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EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR AKENATON

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Quien hace poco, por dárselas de Jesucristo, casi sale crucificado

Siempre supe que además de dos prominentes orejas que brotaban vitales a lado y lado de mi cara, yo tenía algo que los demás no. un tonito profético al hablar, y una habilidad sorprendente para predecir hechos futuros. Mi abuela decía, cuando estaba yo muy niño, que yo me parecía a la imagen del niño Jesús a la que ella le prendía velas todas las mañanas.

En misa cantaba a todo pulmón con los ojos aguados y la mano en el pecho, canciones tan bellas y tan

inspiradoras, como “el padre Abraham” o “yo tengo un gozo en mi alma”.

mi familia no tardó en descubrir que tenía talento para cantar. la más entusiasmada con ésto fue mi mamá, que inmediatamente empezó a enseñarme las canciones de Pedrito Fernández, por las que ella, en su infancia, acompañada de mariachis, había sido apodada, “El Ruiseñor de La Loma”

No había reunión o acto cultural en el que yo no cantara, para que mi madre se sintiera orgullosa, pero para mí no eran las rancheras el género en el que debía emplear mi talento; ¡Yo quería cantar misas! Como Clímaco, el negro aquel que cantaba en la misa de la tarde, con tanta devoción y al cual yo admiraba tanto.

Así que, convenciendo a todo el mundo con mi cara de niño inocente, y con mi vocesilla infantil, que cabalgaba rauda como una flauta por las notas de los cánticos sagrados, logré que me dejarán cantar frente al micrófono en las misas de Once.

Todas las señoras devotas me saludaban en la calle. Me veían en el guamo y me apretaban las mejillas con sus dedos arrugados, para luego decirme que cantaba como los ángeles; aunque yo no les creía, ¡yo no cantaba como los ángeles, cantaba como el mismísimo hijo de dios!

El tiempo pasó, y yo era el niño de las misas. no había en La Loma persona más piadosa que yo. instruía sobre asuntos sagrados a mis compañeros de la escuela, y en los recreos, jugaba con ellos a la misa. poco después, manifestaría en mi casa que quería ser sacerdote, e irme a estudiar al seminario como el tío Hernán.

A mi papá y a mi mamá a pesar de ser fervorosos católicos, no les gustó mucho la idea. al ser yo su único hijo, si me hacía sacerdote se quedarían sin nietos, y sus raíces se extinguirían en pro de la iglesia.

Mis abuelas en cambio, que tenían otros nietos que llevarían los apellidos en la frente, y los multiplicarían por el mundo, no les importó que yo, un niño tan espiritual, y tan entregado al señor, decidiera entregarle mi vida a los misterios del cielo. Así, empecé a ir cada tarde, a las seis, cuando ya empezaba a caer la noche, a la casa de mamita Tulia para rezar el rosario, luego del cual ella me adoctrinaba con maravillosas historias sobre las vidas sacrificadas y perfectas de santos ejemplares, como Santa lucía, a quién le sacaron los ojos por causa de su inmenso amor a Dios.

Luego, en las noches, entre mis sueños, o más bien, entre mis revelaciones divinas, me veia atado y maltratado por mi inmenso amor al señor. Entre mis mejores sueños estaban aquellos en los que yo era lanzado a los leones por el emperador Nerón, o esos en que era apedreado por predicar la venida del cristo; pero estaban también los otros sueños, unos que hasta me daban miedo: eran aquellos en los que yo me veía crucificado, a punto de morir para redimir al mundo.

Fue entonces cuando me dije a mi mismo que me estaba desperdiciando. Que cantar las misas de Once no estaba a mi altura.

Me hice monaguillo entonces, para así estar más cerca al sacerdote y al cuerpo de cristo, cuyas copas doradas yo tenía que limpiar después de cada eucaristía. Entre tanto, mi tío Hernán continuaba su carrera como misionero, y venía de vez en cuando a la loma, y allí, en una que otra misa, le ayudaba al sacerdote con los santos oficios. ¡Dos Araques con sotana en una sola celebración! ¡Qué orgullo!

Desde luego, yo tenía bien claro cual de los dos era más importante ante los ojos del altísimo.

Mis sueños no se iban; me veia subir a los cielos, para luego sentarme glorioso a la diestra del padre. Pero en mis sueños, el hijo nunca estaba, solo yo y el espíritu santo.

Una enorme duda me invadio entonces, y comencé a preguntarme por mí persona ¿Quién era yo para que mi Dios me enviara semejantes sueños? Tendría doce años, cuando decidí alejarme de la iglesia para buscar respuestas. (Como cuando en las escrituras, Jesús, en quien yo empezaba a desconfiar, se fue a ayunar al desierto)

Leía la biblia a diario, en especial el libro de Isaías, y sus profecías mesiánicas. ¿Y si los judíos tenían razón? ¿Y si el mesías no hubiera llegado todavía? ¿Y si yo fuera el mesías al que ellos esperaban?

Después de todo, yo era el único hijo de una pareja humilde que vivía en un país asediado por la guerra; después de todo, yo había tenido esos sueños extraños durante toda la vida, después de todo, yo podía augurar cosas futuras, como el final de las películas que aún no terminaba de ver, después de todo, algo en mi interior me decía que yo era mucho mas grande que todas las demás personas.

En mi búsqueda espiritual pasé por los cultos cristianos en la casa de doña Magola, por las reuniones en los salones del reino de los testigos de jehová, por las meditaciones de yoga en las comunidades hindúes, hasta que a mis dieciséis años, al no encontrar respuestas decidí que dejaría de buscar y me volví ateo.

Pasaron los meses, y yo, fingiendo ser un hombre sensato y canalizando mi inmenso ego me obligué a olvidar la esperanza en la vida eterna, a leer estúpidos libros de filosofía, y en un impulso extraño, al terminar el bachillerato, me metí a estudiar teatro.

No volví a cantar. mi voz me recordaba mis frustradas esperanzas de divinidad. aparte del teatro, yo me distraía en otras cosas, en mi gusto por las tecnologías, en la lectura de libros… En fin.

Mis aspiraciones a salvador de los hombres tendrían que esperar un buen tiempo para volver. Una noche, en la que por cosas de la vida me encontraba yo acampando en la capital, en el evento tecnológico más importante en la historia de mi país, soñé con Gabriel, uno de mis compañeros de viaje. En mi sueño el me decía que yo era más importante de lo que creía, y que todo dependía de mí.

Al despertar, pude interpretarlo claramente; la aparición de mi amigo en mi sueño, no era más que la manifestación de su Homónimo, San Gabriel Arcángel, el mensajero del cielo, quien me acababa de anunciar que el cielo me necesitaba. Fue entonces cuando me encaminé al cumplimiento de las profecías. comprendí todo con respecto a mi pasado en el reino de los cielos, y desde entonces, mi voz recuperó el tono profético de la infancia, similar al que usaba el actor Enrique Rambal en “El Martir del Calvario”; mis ojos se cubrieron de sabiduría y mi corazón de llenó de un amor al prójimo desinteresado, Lúbrico y feliz.

Al día siguiente amanecí con un presentimiento. había llegado la hora en que el hijo del hombre sería entregado a los hombres para redimir sus culpas, y volvería excelso a su padre, para gobernar el mundo por los siglos de los siglos.

No quise angustiar a mis compañeros de viaje, mi muerte, se las anunciaría ésa noche, en la que habría de ser la última cena de mi vida terrenal.

Las profecías se cumplieron una a una en mí ese día. mis amigos y yo disfrutamos al máximo de cada hora, como si en lo más hondo presintieran que no volverían a verme.

A la hora de la cena, me senté en medio de la mesa de la panadería; les repartí los tamales boyacenses

a los que amablemente Álvaro, uno de los doce, nos convidó, y luego partí el pan diciendo:

-Tomad y comed todos de el, porque éste es mi cuerpo, que será entregado por vosotros.

Todos me miraron como si estuviera loco, al ver que mi actitud no cambiaba, creyeron que estaba yo jugando.

Cuando el anciano que atendía en la panadería nos llevó la gaseosa Premio, la levandé y sintiendo cómo el espíritu santo de mi padre me invadía, exclamé en voz potente:

-Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de la alianza nueva y eterna con la que se perdonarán vuestros pecados. hacer ésto en mi memoria.

Los doce, quienes aún no habían recibido la visita del espíritu santo y no podían entender éstos misterios, seguían convencidos de que todo se trataba de una broma.

-Un nuevo mandamiento os doy- dije al fin con voz oscura- amadme unos y otros, para que os ame yo .

Cuando hubo terminado la cena, anuncié:

-Uno de vosotros me venderá ésta noche.

A ninguno le importó saber quién sería el traidor. A mi tampoco. Luego nos levantamos de la mesa, y Álvaro, el más sabio entre los doce, pagó la cuenta. La profecía se cumplía; moriría yo en una ciudad lejana, cómo la biblia decía que Jesús había muerto en Jerusalén.

-¡Vamos – Miré hacia el cerro Monserrate, que a esahora y en la oscuridad helada se erigía como un gigante dormido sobre la ciudad, y exclamé;, mis queridos amigos. vamos al encuentro de quienes me acusan!

En ése momento no tenía yo ni idea de quién sería mi verdugo, pero supuse que el señor lo pondría en el camino, todo para que se cumpliese la escritura.

Al poco haber caminado, vi a un hombre muy pequeño, que venía hacia mí. me sentí decepcionado; yo esperaba un gran ejército. Se me acercó arrogante mirándome a los ojos, en una carícatura perfecta de Napoleón Bonaparte y me dijo:

¡¿Cómo se atreve usted a jugar con algo tan sagrado cómo las palabras de Dios?!

¡Cómo es capaz de cometer semejante herejía!

Yo, paloma solitaria, lirio del valle, con el corazón dispuesto a padecer por la humanidad en el más amoroso y piadoso sacrificio, escuchaba con alegría los reclamos de aquel hombre, pensando en mi próximo encuentro con el padre. El hombre continuó;

-Enséñeme cómo puede usted burlarse de algo tan santo.

Con los ojos inyectados de sangre, me miraba con el odio infinito que solo satanás, el alcohol, o la indignación infinita pueden provocar en un ser humano. yo, estrella mañanera, luz del mundo, intenté relajar mis sentimientos, y dejar que fuera el espíritu santo el que hablara por mí; las palabras salieron entonces suavemente de mi boca:

-Yo no podría enseñarte; eso es talento innato.

En una satánica llamarada de furia, el diminuto, pero corpulento hombrecillo, se lanzó de cabeza hacia mi rostro, para golpearme con su frente brillante. En un impulso inconsciente mi cuerpo se fué hacia atrás, de modo que la enorme cabeza del agresor, solo me golpeó en el pecho. por un momento, todo fue difuso. cuando supe de mí, estaba en la otra esquina, con la respiración agitada, buscando en donde esconderme; mientras Carlos, uno de los doce, en la más perfecta interpretación de Pedro, se enfrentaba al agresor del mesías; y Álvaro, el Bartolomé de la noche, impedía que viniera hacia mí.

Los otros miraban perplejos, prestos a cualquier movimiento del impío.

Desde lejos, se me cayó el mundo. Aún estaba vivo, había huido del que pensaba era mi destino.

como una rata había corrido llevado por un sentimiento tan imperfecto y humano como el miedo,

y no había muerto por la redención del mundo. a lo lejos otros me defendían mientras yo, temblando y encogido buscaba donde esconderme.

Después de todo, yo no era el mesías.

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Acerca de akenaton

Lector mediocre, segundón en concursos de literatura, estudiante de teatro. apasionado defensor de sus ideales, impertinente, grosero, que suele con facilidad irritarse por tonterías. Aveces entusiasta y juguetón. Un aprendiz de payaso. (En el buen sentido de la palabra)

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  1. Oh gran akenaton, sin duda alguna tu eres sagrado, si exacto sagrado, por que solo un ser divino puede crear tan maravillos textamentos, yo creo sin duda alguna que tu eres el mesias, aquel mesias que viene a salvarnos de la ignorancia que nos rodea, aquella ignorancia que no deja a personas como yo, crear semejantes revelaciones de inteligencia como los son tus textos, y por tanto nos hace innutiles ante la sociedad, pero ya veo quien salvara este pueblo tan colmado de plagas y personas pecadoras de integridad moral, tu, gran mesias junto con tus doce convatientes, nos encaminaras hacia la senda del conocimiento, y nos mostraras en realidad cual es la divina intervencion que hara reflexionar nuestro pueblo pecador.

    Cordialmente; un pecador arrepentido.

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  2. señor ex-hair, dejeme decirle, de nuevo, que su honorabilisima merced no tiene nada de deidad, pero tranquil0, pese a la actitud de rata que huye despavorida se le quiere, ademas eso puede ser evoluciòn por aquello del instinto de autoconservaciòn, jeje, cuanto me haces reir, “paloma solitaria, lirio del valle, estrella mañanera, luz del mundo”, cuanta homosexualidad fluye por esas letras, pero tranquilo que sabes que yo no discrimino tendencias sexules.

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  3. Que pena, señorita unknown, pero por mis palabras lo que fluye es santidad. Tambien se le quiere.

    Muchas gracias por leer, señor areizero. que bueno verle parar por aquí.

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  4. Akenaton Arango… me recordaste a un tal profeta, un tal “poetica”, un tal santo nadaista… tan sublime, tan puro, tan punzante, tan frágil.
    Yo a vos te tengo que conocer en persona mi santísimo compañero…
    Excelente relato… definitivamente vale la pena entrar a este blog; por aca te dejo el resucitadode http://gotadeazur.blogspot.com que vuelve a realizar sus sacros milagros o unas cuantas pestilentes herejías.

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  5. Oye… me doy cuenta de que sigues siendo lúbrico y feliz…

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  6. ohZ!!!
    compruebo que empeoras en la simplicidad de este mundo pagano, lo he reeleído y hay cosas que
    veo te troquelan, y dejan que te pongas lubrico y feliz”

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  7. Claro que la falla por lo cual no se cumplio la profecia es por que ocupaste para la trasmutacion en tu sangre Una soda y no alcohol!!! ya sabes Cerveza, vino, vino de consagrar, vodka, tequila etc… el Alcohol es insuplantable, bueno quizas te habria servido Soda de Cola, pero quien sabe. Suerte en la proxima jejeje.
    que gusto me da leer comentarios asi tan desestresantes de este mundo burdo y absurdo espero seguir sabiendo y leyendo mas de ti.

    Atentamente tu nuevo amigo:
    Cordero Negro

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  8. graciasssssssssss
    a todos el material que pusieron beso

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  9. definitivamente milton eres muy bueno con las letras, mira llevo mas de una hora en tu blog y no logro salir de el, es adictivo me he reido, casi he llorado he recordado….. es inspirador realmente¡¡¡ en cuanto a este texto lamento tu frustante intento por ser mesias pero no te preocupes, el mundo no necesita de sacrificios para ser salvo necesita de escritos,de argumentos, de palabras y de buenos planteamientos y tu si que sabes de eso¡¡¡¡ para mi que si eres una especie de mesias.

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