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Es ese Cuerpo Corazón

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Justo ahí, en ese cuerpo corazón,

hay una nudo de caminos…

árida cartografía que se enreda

con cada palpitación.

Algunos, caminos de piedra…

otros, meras sendas entre los montes,

creadas por el tiempo de tanto recorrer los mismos pasos

de tanto decir las mismas palabras.

Aquí y allá, una que otra carretera.

Alguna avenida tiene tu nombre.

Justo ahí, en ese cuerpo corazón,

justo ahí, en ese nudo de caminos,

vaga perdida una gran dama.

En sus ojos brilla el mar que vio una vez.

Los pies blancos le sangran

de tanto caminar entre las piedras,

y el vestido de seda trasluce ante la luz de un sol

un sol ausente que no brilla en el cielo.

Justo ahí, en un senderito cualquiera,

vaga perdido un monstruo de siete cabezas.

Una masa informe de pústulas y dientes,

que rueda por los caminos

dibujando su trayectoria con un hilo nauseabundo

de secreciones viles.

Gime y gime, buscando su joya perdida.

La dama y la criatura,

se están buscando hace siglos,

ahí, justo ahí en ese cuerpo corazón.

La hermosa bestia, y la monstruosa dama.

La hermosura de la bestia subyace en su hambre.

En su necesidad de acaparar todo lo bello.

De este modo ha recolectado piedras preciosas

en todos los caminos.

Diamantes incrustados en sus dientes.

La belleza de la bestia está en su amor,

en su amor por la carne blanca y tibia.

En su amor por el ultimo suspiro

de las damas cuando mueren…

La monstruosidad de la dama,

se encuentra en su necesidad.

En su necesidad de ser devorada,

abierta, desangrada.

Busca desesperada una bestia

que le desolle, que le arranque las plumas,

que le atraviese con la lengua.

Pero es ahí… justo ahí…

en cada palpitación

donde sus caminos se alejan,

y los dos se ansían.

Entonces el monstruo se siente vacío.

Vacío como la espera de tu mirada.

Vacío como morder, besar y abrazar

un cuerpo que no se ama.

Vacío.

Y la dama, se siente hermosa.

Insoportablemente hermosa.

Y entonces llora.

Llora diamantes, que tarde o temprano

terminan incrustados en los dientes de la bestia.

Visto desde arriba, ese cuerpo corazón,

es un tejido de caminos.

Pero todos los caminos llevan al mismo sitio.

A una torre.

A una torre blanca, justo ahí.

Justo ahí en el centro.

Ahí.

A la vista… al alcance…

oculta e inalcanzable.

Y adentro de la torre, custodiada por un águila roja,

hay una estrella

una luz profunda que nunca verán

ni la dama ni la bestia.

Condenados a buscarse,

siempre ahí,

justo ahí.

En ese cuerpo corazón.

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Acerca de akenaton

Lector mediocre, segundón en concursos de literatura, estudiante de teatro. apasionado defensor de sus ideales, impertinente, grosero, que suele con facilidad irritarse por tonterías. Aveces entusiasta y juguetón. Un aprendiz de payaso. (En el buen sentido de la palabra)

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