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CANCIÓN

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En la parte alta de mi casa

una niña libera sus cabellos al viento.

El viento, un pentagrama

y a la vez un tendedero,

donde cuelga sus anhelos sin nombre.

En la parte alta de mi casa,

vieja casa, a la vez trono y grillete,

Una niña quiere cantarle al aire

una canción nueva.

Pero ¿cómo cantarás, Alma mía?

¿Cómo cantarás esa canción

que es todas las canciones?

¿Cómo podrás danzar

esa canción sin ritmo,

sin silencios, sin final?

Entonces, hermosa niña,

¿cómo escribirás esa canción

que solo puede ser oída

con oídos de viento?

Hermosa niña,

cuando el dueño de la casa duerme

se perfuma el cabello y salta

salta desde la parte alta de mi casa,

casa nueva

para caer simplemtente en el olvido,

oscuro mar,

al que la he condenado con el ruido

que hago mientras camino

por negritudes insondables.

Ruido, es decir, otra canción.

Oscuridad, es decir, ese hermoso color,

temido y deseado.

Pobre niña,

se asusta cada vez que toma la decisión de salir

y se encuentra con la puerta cerrada.

No cerrada con cerrojos…

cerrada con vacío

con ausencia de puerta

cerrada con un muro.

¿Por dónde has de salir, Alma mía si la puerta

no es más que una idea?

Niña pájaro con alas de amor cortadas,

y una canción sin letra y sin melodía

rugiendo entre los sueños.

Recorre entonces los sótanos fríos,

tormentoso reino.

Allí donde lo que se arrastra es rey.

Pobre niña.

Entonces se hace vieja.

Cada vez que visita los sótanos de mi casa,

sótanos, a la vez como piernas y como raíces,

recolecta pequeños tesoros

que lleva a la parte alta.

Conserva allí, en una mesita, al amparo del polvo,

un pedacito de muerte pulida con las manos

Una palabra no dicha, pero imaginada

de un lenguaje inexistente

y un montón de deseos cristalizados.

Tu silencio es tu canción.

Alma mía.

Una canción que no se puede cantar,

pero que es cantada siempre,

por los pájaros al interior de sus sueños.

En la cabeza de la niña hay un nido de pájaros,

y  en su corazón una concha vacía

y en sus pies la promesa de un camino

y sus manos una caricia pródiga

que espera albergarse en un sexo tibio

y en su boca una canción…

esa canción

la única canción

que no puede ser cantada

porque se canta así misma

siempre

en todas partes

todo el tiempo.

Es ese Cuerpo Corazón

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Justo ahí, en ese cuerpo corazón,

hay una nudo de caminos…

árida cartografía que se enreda

con cada palpitación.

Algunos, caminos de piedra…

otros, meras sendas entre los montes,

creadas por el tiempo de tanto recorrer los mismos pasos

de tanto decir las mismas palabras.

Aquí y allá, una que otra carretera.

Alguna avenida tiene tu nombre.

Justo ahí, en ese cuerpo corazón,

justo ahí, en ese nudo de caminos,

vaga perdida una gran dama.

En sus ojos brilla el mar que vio una vez.

Los pies blancos le sangran

de tanto caminar entre las piedras,

y el vestido de seda trasluce ante la luz de un sol

un sol ausente que no brilla en el cielo.

Justo ahí, en un senderito cualquiera,

vaga perdido un monstruo de siete cabezas.

Una masa informe de pústulas y dientes,

que rueda por los caminos

dibujando su trayectoria con un hilo nauseabundo

de secreciones viles.

Gime y gime, buscando su joya perdida.

La dama y la criatura,

se están buscando hace siglos,

ahí, justo ahí en ese cuerpo corazón.

La hermosa bestia, y la monstruosa dama.

La hermosura de la bestia subyace en su hambre.

En su necesidad de acaparar todo lo bello.

De este modo ha recolectado piedras preciosas

en todos los caminos.

Diamantes incrustados en sus dientes.

La belleza de la bestia está en su amor,

en su amor por la carne blanca y tibia.

En su amor por el ultimo suspiro

de las damas cuando mueren…

La monstruosidad de la dama,

se encuentra en su necesidad.

En su necesidad de ser devorada,

abierta, desangrada.

Busca desesperada una bestia

que le desolle, que le arranque las plumas,

que le atraviese con la lengua.

Pero es ahí… justo ahí…

en cada palpitación

donde sus caminos se alejan,

y los dos se ansían.

Entonces el monstruo se siente vacío.

Vacío como la espera de tu mirada.

Vacío como morder, besar y abrazar

un cuerpo que no se ama.

Vacío.

Y la dama, se siente hermosa.

Insoportablemente hermosa.

Y entonces llora.

Llora diamantes, que tarde o temprano

terminan incrustados en los dientes de la bestia.

Visto desde arriba, ese cuerpo corazón,

es un tejido de caminos.

Pero todos los caminos llevan al mismo sitio.

A una torre.

A una torre blanca, justo ahí.

Justo ahí en el centro.

Ahí.

A la vista… al alcance…

oculta e inalcanzable.

Y adentro de la torre, custodiada por un águila roja,

hay una estrella

una luz profunda que nunca verán

ni la dama ni la bestia.

Condenados a buscarse,

siempre ahí,

justo ahí.

En ese cuerpo corazón.

MADRE Y PADRE NUESTRO

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Madre y Padre nuestro

que estás en la tierra, en el aire, en el agua y en el fuego

Santificado sean todos y cada uno de tus nombres.

Haz con nosotros tu reino.

Oh innarrable, oh inexpresable

teje nuestra vida con hilos luminosos.

Oh espíritu de la ternura.

¡Que grande es la casa en que pasas la eternidad

jugando con el vacío!

Ese, tu viejo y mejor amigo que eres tu mismo.

Enseñanos a comprender que la oscuridad,

no es más que un lamento desesperado

implorando la presencia de la luz.

Te llamas jesús,

te llamas Sidharta,

te llamas Quetzatcoatl,

te llamas Krisna,

canción primera que contiene todas las canciones.

Tu tejiste un entramado de palabras santas

en el torrente de nuestras venas,

para que entre nuestros pueblos,

pudiéramos contar la historia de nuestra amistad contigo.

¡Benditas palabras!

¡Mandamientos de amor escritos en nuestras células con letras de fuego!

Oh infinitamente pequeño, e infinitamente grande,

luz del corazón,

pequeño limón en flor, corazón de la tierra.

Desenreda y teje,

desenreda y teje.

Los querubines te cantan con palabras de energía pura

que resuenan en todas las frecuencias.

Oh amor que entrelaza los átomos,

Oh hermoso número

enséñanos a honrar a nuestros ancestros

y a verte en todas las cosas.

Amor que vives en lo profundo del corazón,

haz de tu deseo nuestro deseo,

y renueva la conciencia de nuestra hermandad.

Desenreda y teje,

desenreda y teje.

¡Claro que el tiempo se nos escapa!

¡Cómo alcanzarlo si es un niño descalzo corriendo por tus campos!

Borra la ilusión de la separación y el desentendimiento,

para que podamos morar en el árbol infinito de tu reino,

siendo luz de tu luz por todas las edades.

Aho.

BABEL

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¿A qué recurrir si me quedo sin palabras?

He fracasado como entidad comunicante.

He gastado cada una de las palabras que me se

tratando de explicar, algo…

Solo un poco de esto que me pasa,

y se me han acabado las letras y los números.

Traté de usar la palabra “Yo”

pero esa palabra no tenía nada que ver conmigo.

Y usé los números del cero al nueve,

sin poder contar entre los dedos

la cantidad de nada que me invade,

y el exceso de todo que desbordando mi cabeza

se avalanza hacia vos.

Hacia todos los vos.

Y usé la palabra hogar y sentí frio,

Y se me ocurrió que me podía inventar un nuevo lenguaje

compuestos de signos verdaderos.

Entonces me dije…

Cuando quiera decir lluvia, me voy a poner gris.

Voy a hacerme denso y gris,

hasta que se me escapen unos cuantos truenos,

y así sabrán que quiero decir lluvia.

Y cuando quiera decir bello,

voy a mirar como miran los gatos,

y cuando quiera indicar la distancia entre dos puntos,

voy a pararme en ambos a la vez,

y cuando quiera decir sol voy a abrazar,

y cuando quiera decir dios voy a tocar mi corazón,

y cuando quiera decir hambre, voy a colapsar sobre mi mismo.

Y si quiero decir tu nombre, me lo voy a inventar.

Te voy a nombrar en el idioma infinito

del reino de barbelo,

No con palabras de aire sino con palabras de fuego.

Y me inventé un lenguaje nuevo,

y con mis palabras pude ser el mundo.

Te busqué,

y te hable, a mi manera,

de la lluvia, de lo bello, del sol, de dios, de mi eterna hambre,

y de los dos mil nombres que te puse desde siempre,

me miraste, sonreíste.

Y me di perfecta cuenta de que no habías entendido absolutamente nada.

Solo entonces,

Lloré por la caída de Babel.

Solo entonces supe

cuánto habíamos perdido.

UNA CANCIÓN NUEVA

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Es tiempo de cantar una canción nueva.

Una canción que ha sido nueva desde que se cantó por vez primera.

Una canción que se canta con cada exhalación,

con cada dejo de aire que se nos va.

Entonada en todas las lenguas

Pero escuchada solamente en el silencio.

Una canción que resuene en las paredes del templo que soy.

Hombre casa.

Hombre roca.

Es tiempo de ser una canción tan eterna

como la arena del desierto,

pero tan movil como el viento que la arrastra.

Yo soy la canción que cantan todas las cosas.

Especialmente las que no tienen voz.

Una canción sin metrónomo,

Su ritmo es demarcado por el movimiento de los astros.

Una canción que expulse la muerte que llevamos dentro,

poniendo todo en movimiento.

Mi canción

– mia y tuya-

Es lo que genera la eterna danza de los electrones

que enamorados circundan su núcleo

como yo a este fuego.

Es la causa de todas las espirales.

El motor primero.

Una canción pavorosa, que llena de nostalgia.

Y la acompaña el rompiente de las olas,

mientras el molusco aquel, pegado al filo de la piedra,

le compone nuevas letras en idiomas prohibidos.

Es hora de tejer con sonidos una canción nueva.

Tan vieja como yo he sido,

y tan joven como yo seré.

Una canción cuyo mensaje incomprensible,

es comprendido por todo el que la escucha,

y contemplado por todo el que la canta.

Una canción cuya partitura está escrita

con geometría sagrada, en cada árbol.

En cada planta.

Las líneas de su pentagrama son móviles.

Variadas.

Está escrita sobre el horizonte,

así, es distinta para cada quien.

Es hora de cantar una canción nueva.

Es hora de ser canción.

NIÑO MORENO

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El niño moreno tiene muchas caras,

pero siempre tiene diecisiete años.

No sabe comportarse.

Arma porros como un exconvicto,

pero aún sueña con venados blancos

y cree que puede salvar el mundo

y al tiempo cree que no puede salvarse a sí mismo

Está esperanzado en poder tener algún día

un poco de esperanza

Por algo

Por alguien

El niño moreno no sabe amarrarse los zapatos

Entonces me pide que le amarre el alma

Cuando lo hago

cuando por fin lo hago

me dice que soy un hijo de puta

que le he quitado la libertad

Y cuando lo libero

cuando por fin lo libero

dice que se siente solo

y cuando lo acompaño

dice que necesita tiempo.

Y cuando le doy tiempo

se vuelve viejo

no viejo como los viejos

sino viejo como un niño moreno de diecisiete.

Entonces se retira a su pequeña terraza

y baila en medio de sátiros imaginarios.

Luego me dice que no pasa nada.

Que todo está en mi cabeza.

Yo lo sé.

Sé que todo está en mi cabeza.

El puto universo está en mi cabeza,

lo estoy soñando justo ahora

justo siempre

pero él no se da cuenta.

El niño moreno tiene muchos cuerpos

pero siempre tiene diecisiete años.

Y cuando le estorba todo

corre

llora

pierde la camisa

tropieza. Cae. Se levanta.

Tropieza. Cae. Se levanta.

Tropieza. Cae. Se levanta.

El niño moreno juega como juegan los niños

pero folla con la fuerza de trescientos espartanos.

Tiene muchas caras

Muchos nombres

todos sus nombres están escritos

en tablas de arcilla que se ocultan

bajo la arena del desierto.

El niño moreno no sabe que no existe

Ignora que yo me lo he inventado.

PERTENENCIAS

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PERTENENCIAS:

¿Cómo puedo decir que algo es mío,

Cuando mi tiempo no es el tiempo de las cosas?

No nací con mi ropa, ni moriré con ella.

Mi tiempo solo es mío.

Porque hasta los nacidos bajo mi misma luna,

Se encuentran a abismos de mis días.

Nunca he comprendido el lenguaje de los maestros.

Ellos están ahí… diciendo… hablando

Y yo estoy varado, sintiendo que el meollo del asunto,

discurre frente a mí en forma de líneas…

círculos.

¿a dónde se fue mi libertad?

¿he sido libre?

Decir que he sido libre alguna vez

es expresar que confío plenamente en los sentidos.

Porque, cómo puedo decir que soy libre,

Si desconozco las leyes que me unen

Con las plantas, con las piedras,

Con la muerte y demás ciclos.

Aún así tengo el mar.

Que es mío doblemente:

Porque me lo regaló

Ese… el que más me amó.

Y porque del mar salieron mis madres y mis hermanas.

Y también tengo los gatos.

No. Los gatos me tienen a mí.

Y también es mío

Ese molusco silencioso

Que se adhiere sin esfuerzo a la superficie

Afilada de una piedra.

Resistiendo silencioso el golpe de las olas.

Ese molusco se acuerda de cosas,

Y de días, en los que yo también estaba

Pero ya no recuerdo.

Y son mías las caras grabadas en lo profundo de mi memoria;

Bellezas juveniles preservadas del tiempo

Por el misterio amoroso de mi amor.

Y es mío el silencio.

y es mío Saturno que ha cantado en mis sueños desde el primer día.

Las cebollas no son mías.

¡Ni ellas ni los días lunes. Que son tan amarillos!

Los nacidos bajo el sol amarillo del lunes

Suelen estar siempre despiertos.

Exhibiendo con descaro su capacidad para adaptarse a las normas.

Y para crearlas.

Y son míos los ríos de babilonia,

Sobre los que lloramos a todos los muertos del mundo,

Y suspiramos aún acordándonos de Sión.